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Álex Almeida: ‘Se puede hacer una vida en silla de ruedas’

Álex Almeida cumplió 38 años el pasado 20 de octubre. Tiene una empresa desarrolladora de software. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Álex Almeida, ingeniero en Sistemas

El siniestro de tránsito que sufrió el 13 de noviembre del 2013 le generó una lesión medular, que le impide caminar. Se reincorporó a la sociedad luego de un año de rehabilitación. Fundó su propia empresa y estudió una segunda carrera: Filosofía. Formó parte de Acción Colectiva; uno de sus proyectos fue Crossfit Ability.

“Luego de sufrir un siniestro de tránsito tras ser ‘escopolaminado’ dentro de un bar, anoté en una libreta todas las cosas que quiero y tengo que hacer antes de que la muerte me sorprenda.

Ya me desprendí de mi silla de ruedas para practicar paracaidismo -caída libre- y para bucear a 16 metros bajo el agua. Ese curso lo seguí hace un año. Me gustan las experiencias extremas porque me hacen sentir vivo.

Para hacerlas se requiere de actitud, como la vida misma. Luego del siniestro, en el que perdí la movilidad de mis dos piernas, solo tuve dos opciones: sobrevivir o ‘morir’.

Yo decidí continuar. Pero al hacerlo me propuse cumplir con esas cosas que me sacan de mi zona de confort. Siempre trato de escapar de las situaciones en las que me siento muy cómodo. Las cosas ‘complicadas’ ponen a prueba mi fuerza física y mental; tal como sucedió durante mi recuperación. Ese año viví un infierno.

Pasé tres meses postrado en la cama. No podía ni darme la vuelta solo. Después, se dio una recuperación lenta, en la que aprendí a hacer todo de nuevo. Partí de cero.

Álex Almeida sufrió un siniestro de tránsito13 de noviembre del 2013. Foto: cortesía

Mis padres, amigos, novia y familiares fueron claves en ese proceso. Para dejar de pensar en un futuro desolador me volqué al ejercicio; hacía hasta ocho horas de actividad al día.

Los médicos decían que no era recomendable, pero era la única forma que encontré para ahuyentar a esos pensamientos perturbadores.

Luego de ese año tempestuoso finalmente me reincorporé a la sociedad. Eso me fortaleció.

Cuando ocurrió el accidente yo me encontraba en una transición. Pasaría de una empresa de Ecuador a una de México. Eso también se truncó.

Durante ocho años estuve vinculado al petróleo. Yo era parte de un equipo de perforación. Busqué trabajo, pero justo en ese momento cerraron las contrataciones. El petróleo bajó de precio. La situación se complicó.

Entonces recordé que yo era ingeniero en sistemas, así que fundé mi propia empresa. Me va bien.

También estudié filosofía y me dediqué a escribir, una pasión que siempre la había aplazado. Ahora estoy cerca de presentar el primero de tres libros; ya está en la editorial.

Aunque fue un año difícil, puedo decir que fue en el que más crecí. De esas experiencias uno sale mejorado o simplemente no sale. Debo apuntar que mi reincorporación también se dio gracias al apoyo de gente con otras discapacidades.

Ellos contribuyeron con mi crecimiento. Me hizo bien saber que no era el único que atravesaba esa situación; había más personas y sorteaban situaciones más duras.

Fueron una inspiración para mí. Es lo que quisimos ser para otras personas. Por eso fundamos Acción Colectiva; éramos 10 personas y estuvo activa tres años.
En ese tiempo ge­neramos algunos proyectos destinados a la comunidad con discapacidades.

De ahí, por ejemplo, nació Crossfit Ability. Con la guía e implementos adecuados demostramos que era posible practicar un deporte que era visto solo para personas caminantes o sin discapacidades.

Cinco personas formamos parte de esa iniciativa. Yo asistí al centro de entrenamiento durante tres años y medio. Ahora entrenó en mi casa, forma parte de mi entrenamiento diario. Más tarde, abrimos una escuela de baile. Era tan enriquecedor observar a gente con síndrome de Down disfrutando de la música.

La experiencia que marcó mi vida me cambió la perspectiva con la que veía el mundo. Me hizo más sensible. Entendí que nuestros propósitos de vida también deben contemplar metas sociales, que aporten a la comunidad y al mundo.

No es fácil, es cierto, pero tenemos que intentarlo. Hay gente que, luego de una experiencia traumática pasa encerrada en casa porque desconoce cómo reincorporarse a la sociedad.

Ellos deben saber que a la vida también se puede disfrutar sobre una silla de ruedas, que se puede hacer una carrera profesional y que podemos gozar de una relación sentimental, que podemos tener una familia.

Entendí que la vida nos llega a todos en blanco y negro, que somos nosotros los que decidimos el color con la que la pintamos cada día.

Tendremos días grises y llenos de miedo, pero el trabajo consiste en saberlos manejar para que no nos paralicen. Una de las claves, creo yo, consiste en vivir el presente. La ansiedad aparece cuando pensamos en el pasado y en el futuro. Nada de eso existe, solo el aquí y ahora”.

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