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Juan Hidalgo: ‘La vida me permitió ayudar a las personas’

Juan Hidalgo, tiene 37 años y vive en Guayaquil. Él tiene una silla de ruedas eléctrica para moverse por sí solo. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Juan Hidalgo. Psicólogo y magíster en Recursos Humanos

El 16 de junio del 2002, Juan Hidalgo sufrió un siniestro de tránsito en una carretera de Miami, Estados Unidos. Esto ocurrió cuando él tenía 18 años. Estuvo internado en un hospital de ese país durante seis meses y desde entonces utiliza una silla de ruedas, pues el choque le provocó una lesión en la espina dorsal de su columna.

“Hace 19 años fui víctima de un siniestro de tránsito y eso transformó mi vida. Todo ocurrió el 16 de junio del 2002 en Miami- EE.UU. Viajé allá para festejar mi graduación del colegio. Tras el choque fui trasladado en un helicóptero a un hospital de la zona.

El primer día estuve en la sala de resucitación, pues mi estado era crítico. Luego permanecí internado durante seis meses, dos de ellos en terapia intensiva. Cuando estuve ahí, los doctores me confirmaron que no podría caminar. Fue muy duro saber que desde ese momento tendría que hacer mi vida sobre una silla de ruedas. Sin embargo, no dejé que ese hecho me detuviera y salí adelante.

En Estados Unidos me quedé tres años pues tenía que asistir diariamente a terapias físicas. Regresé al Ecuador en el 2005. Un año después entré a estudiar Ingeniería Comercial en una universidad de Guayaquil, pero no la pude concluir por falta de recursos económicos.

Intenté revalidar las materias en otra universidad de esa ciudad, pero no ingresé, pues ahí no tenían facilidades de acceso a las aulas e infraestructura para personas con discapacidad. Ninguno de los obstáculos que se presentaron fueron un impedimento para cumplir mi sueño de convertirme en un profesional.

Juan Hidalgo sufrió un siniestro de tránsito cuando tenía 18 años. Foto: cortesía

En el 2015 comencé a estudiar Psicología en una universidad a distancia. Ahí obtuve una beca de estudios. Justo me gradué el año pasado, en plena pandemia del covid-19.

Pero no me detuve ahí. Inmediatamente comencé a estudiar en línea una maestría en Dirección de Recursos Humanos en una Universidad de España y me gradué en septiembre de este año. También a mediados de octubre de este año comencé una nueva carrera para ser abogado.

Además, trabajo en el área de Recursos Humanos de una empresa.

Me encanta ayudar a las personas, por eso quiero que lo que a mí me ocurrió sirva de ejemplo a otras personas para que no tengan que vivir una situación similar y, principalmente, para que se reduzcan los siniestros viales en el país.

Desde el 2011, comencé a dar conferencias sobre seguridad vial a instituciones públicas y privadas. Por ejemplo, en colegios, universidades, al personal de la Comisión de Tránsito del Ecuador y de la Autoridad de Tránsito Municipal de Guayaquil . Además, di charlas a los gremios de conductores y choferes.

Durante cinco años aproximadamente, con el apoyo de la Fundación Corazones en el Cielo, impartí esas conferencias cada semana. Ahora lo sigo haciendo, pero eventualmente. En esos conversatorios cuento mi testimonio, relato a las personas las consecuencias de los siniestros de tránsito y cómo estos sucesos pueden cambiar la vida en un instante.

En mi caso, tuve que aprender a hablar nuevamente, pues durante ocho meses apenas podía emitir sonidos. Los terapistas me enseñaron a pronunciar vocal por vocal, palabra por palabra. Fue todo un proceso. Además, les recalco la importancia de conducir un auto o moto con precaución, respetar las señales de tránsito y los límites de la velocidad.

Por las charlas recorrí el país. Fui, por ejemplo, a Manabí, Santa Elena, Guayas. Recuerdo que me presentaba en grandes auditorios. Un día conté mi historia a 1 000 personas.

Además, en el hospital, cuando estuve en Estados Unidos, di motivación a las personas que también sufrieron lesiones en la cabeza o en la columna vertebral, que les dejaron parapléjicos o cuadripléjicos.

Tengo también previsto crear una fundación que brinde ayuda social a las personas con movilidad reducida. Lo único que estoy esperando es que el Ministerio del Inclusión Económica y Social emita la aprobación.

Es necesario que en el país existan más espacios públicos inclusivos para personas que se movilizan en silla de ruedas. Recuerdo que cuando volví a Guayaquil los buses no me llevaban. Las veredas no tenían rampas. En el conjunto donde vivo no había accesos para sillas de ruedas. Tuve que pedir a la administración y adecuaron espacios. Cuando salía a un centro comercial solo había gradas. Pero de a poco eso ha cambiado.

Nada de lo que he hecho lo habría logrado sin el apoyo de mi familia. En los peores momentos, cuando me estaba muriendo, ellos estuvieron conmigo. No fuera quien soy sin la fortaleza que me han dado mis padres, mi hermano, mi esposa y amigos.

Cuando regresé al país, hace 16 años, conocí a la que ahora es mi esposa, Sara García. Fuimos novios por cuatro años y de ahí nos casamos.

En todos estos años ella me ha brindado apoyo emocional, físico, espiritual y día a día me ayuda a superarme. Tenemos una hija juntos, que se llama Bianca y el próximo mes nacerá nuestra segunda hija”.

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