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Soraya Herrera: ‘Ayudar a otra gente se volvió una terapia’

Soraya Herrera trabaja sin horario en la fundación. A la izquierda, junto a Nicole en su cumpleaños. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Soraya Herrera. Fundación de Apoyo a Víctimas de Tránsito

En 2007, Soraya, de 54 años, perdió a su hija Nicole. Un hombre la atropelló mientras entrenaba en su bicicleta en el norte de Quito. La indefensión que sienten miles de víctimas de siniestros de tránsito frente a la justicia la motivó a crear una organización sin fines de lucro que lucha para evitar la violencia en las vías del Ecuador.

“El episodio es difícil de olvidar. Ocurrió el sábado 1 de septiembre de 2007. Aproximadamente a las 07:30 recibí una llamada de mi esposo Polo para decirme que un vehículo había atropellado a mi hija Nicole mientras cicleaba junto a un grupo de deportistas en la extensión de la avenida Simón Bolívar, en el norte de Quito.

Esa vía aún estaba cerrada y no se abría al tránsito porque los trabajos continuaban en algunos tramos. Por eso, la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP) pensó que era un sitio seguro para los 30 ciclistas, de entre 13 y 16 años, que llegaron ese día a la zona para entrenar triatlón.

Sin embargo, un hombre que conducía a toda velocidad embistió con su auto a la bicicleta de mi niña por detrás y le causó heridas muy graves. Nicole apenas había cumplido 16 años cuando falleció poco después.

Al escuchar a mi esposo perdí la razón por unos minutos, lloré desesperadamente. En casa estaba con mis otros dos hijos, Esteban y Sebastián, que entonces solo tenían 13 y 11 años. Se despertaron por los gritos de dolor. Ellos trataron de ayudarme.

Una madre nunca piensa que va a tener que enterrar a un hijo, una madre siempre piensa que los hijos le van a enterrar a una. Es muy duro. Nosotros somos huérfanos cuando se han ido nuestros padres, somos viudas cuando se van nuestros esposos, podemos tener pérdidas a lo largo de la vida, pero jamás consideramos enterrar a un hijo.

Soraya Herrera junto a su hija Nicole en su cumpleaños. Foto: archivo familia Paredes Herrera

Partiendo de esa premisa la muerte de Nicole me marcó porque se fue una parte de mi vida. Desde ahí nosotros no volvimos a ser una familia completa, se rompió una parte de esa existencia nuestra porque mi niña fue la primera hija. Me pregunto: ¿dónde quedaron los sueños de Nicole y de otros miles de jóvenes que han sido víctimas de la violencia de tránsito, dónde quedaron los sueños míos de ser abuela, los sueños de mis hijos de estar con su hermana?

Todo lo que vino después fue complejo y doloroso pues el proceso legal contra el responsable del atropellamiento tardó dos años y medio. Tuve que rogar al juez para que dé audiencia y dicte sentencia porque esa es la forma de dilatar y cansarle a la víctima para que no reclame sus derechos. Esa es la maña de todos quienes postergan las audiencias y resulta que al final es una sentencia indignante. Al culpable le dieron ocho meses de cárcel y no los cumplió porque huyó. La multa impuesta fue de 3 000 dólares y tampoco pagó.

En las diligencias sentíamos que no había justicia. En primera instancia lo declararon inocente y tuvimos que apelar para que lo sentenciaran. Nos perdíamos en un mar de trámites legales.

No queríamos que alguien pasara por el viacrucis que vivimos: la indolencia del Estado para impartir justicia. Por esa razón, hace 14 años creamos junto a Polo Paredes, mi esposo, la Fundación Centro de Apoyo a Víctimas de Tránsito Nicole Paredes (Cavat).

La partida de nuestra niña nos abrió los ojos a una realidad terrible: la mutilación familiar a causa de la inseguridad vial. Día a día en las noticias mirábamos que había víctimas de siniestros de tránsito y empezamos a contactarlas para ayudarlas. Según el INEC, cada día fallecen 13 personas por ese motivo en el país, son 3 100 al año. Pero según nuestros subregistros, las pérdidas de vidas humanas superan las 5 000 al año, una estadística escalofriante.

Para la fundación ayudar a otras personas se volvió una terapia. Nuestra intención es hacer sentir a quien atraviesa esa tragedia que no está solo. De manera gratuita Cavat apoya a los que han sufrido siniestros viales. Damos apoyo moral, psicológico y espiritual en la fase inmediata posterior a la pérdida. Además, se trabaja en prevención y educación a través de campañas nacionales. Una de ellas es Niños seguros en las vías.

En mi caso, para comprender las leyes y brindar asesoría legal, estudié Jurisprudencia y me gradué de abogada en la Universidad de Loja. Mi hijo Esteban, ahora de 26 años, estudió Psicología y trabaja en la fundación.

A lo largo de los años hemos atendido más de 100 casos de víctimas de violencia vial. Ahora apoyo a dos familias que perdieron a sus hijos. Juan Bernardo y Sebastián murieron en un siniestro ocurrido en la av. Occidental el 19 de diciembre de 2020.

Si he logrado que una madre no vea morir a su hijo, todo este trabajo y esfuerzo ha valido la pena. Creo que la justicia debe ser reparadora para las víctimas, reeducadora para el culpable y educadora para la sociedad”.

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