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El alcohol se volvió un complemento indispensable en la pandemia

Imagen referencial sobre el alcohol antiséptico como producto incorporado a las rutinas de prevención de contagios por coronavirus. Pixabay

Imagen referencial sobre el alcohol antiséptico como producto incorporado a las rutinas de prevención de contagios por coronavirus. Pixabay

Imagen referencial sobre el alcohol antiséptico como producto incorporado a las rutinas de prevención de contagios por coronavirus. Pixabay.

En galones, dispensadores, frascos medianos o recipientes de bolsillo, el alcohol desinfectante se ha vuelto parte de la cotidianidad desde el inicio de la pandemia por coronavirus, en marzo del 2020.

El antiséptico a base de alcohol en cualquiera de sus presentaciones (líquido, gel o espuma) se volvió un producto indispensable dentro de la rutina diaria de aseo, en la casa, el trabajo, el auto o la cartera.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la higiene de las manos es la medida más importante para evitar la transmisión de gérmenes perjudiciales para la salud. Entre los elementos recomendados aparecen los antisépticos a base de alcohol, con concentraciones que contengan al menos 60% de alcohol (el etanol es el único producto aprobado para su uso sobre la piel humana).

“El alcohol se ha convertido en un insumo básico en la casa y en el trabajo”, dice Lidia Naula quien administra un local de ropa desde hace 30 años. Para atender a sus clientes aplica un protocolo de bioseguridad que incluye desinfectar sus manos con alcohol después de cada atención.

Lo mismo aplica para las otras dos personas que trabajan con ella en el local. “Eso nos da una sensación de seguridad en el trabajo”, dice. En promedio, Naula y sus empleadas rociarán sus manos con alcohol unas 20 veces al día. “Al principio se resecaban las manos, pero ahora nos hidratamos con cremas”.

Desde la reapertura de su negocio, la microempresaria consume un promedio de un galón y medio de alcohol antiséptico cada mes. De este se abastece un frasco mediano para los clientes y los dispensadores personales de los empleados.

El frasco que lleva en su cartera es más pequeño, lo que le facilita el uso durante los traslados entre su casa y el trabajo. En casa tiene otro dispensador de uso general para la familia.

Marco Guaraca trabaja desde hace dos años como taxista. El manejo de dinero en efectivo y el contacto frecuente con distintas personas es parte de su trabajo.

Como medida de prevención de contagio, adaptó una pantalla de protección entre los asientos delanteros y posteriores. Además, el uso del alcohol es constante. “Cada vez que recibo y entrego dinero me desinfecto las manos y de paso las monedas y billetes”, dice.

Esa rutina la repite entre 15 y 20 veces al día. Por el uso constante ha notado resequedad en las manos. Entre el taxi y el uso compartido con su familia, calcula que utiliza al menos un galón de antiséptico al mes.

La Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos recomienda no usar aerosoles ni toallitas desinfectantes de superficies sobre la piel porque pueden provocar irritación cutánea y ocular, ya que este tipo de productos están destinados a usarse sobre superficies duras y no porosas.

Para limpiar su puesto de trabajo en el mercado de Santa Clara, Mayra Guañuna utiliza hipoclorito de sodio. Para desinfectar sus manos cada vez que atiende a un cliente, en cambio, utiliza alcohol gel. En su puesto de trabajo hay un frasco mediano y otro pequeño que lo lleva en la cartera.

“Cumplimos con las normas de bioseguridad para garantizar la seguridad de los clientes”, dice la mujer que atiende alrededor de 20 clientes al día en su puesto de flores. Como complemento a la desinfección ha creado el hábito de lavarse las manos con agua y jabón cada dos o tres horas.

Como medida de prevención de contagios, la OMS recomienda el lavado de manos con agua y jabón entre 40 y 60 segundos y no hacerlo inmediatamente antes o después de frotárselas con alcohol.