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Imbabura: Morochos se reverdece

Esta comunidad kichwa impulsa desde hace 18 años un proyecto de turismo comunitario. La mayoría de visitantes proviene del país de Europa y Norteamérica.

Esta comunidad kichwa impulsa desde hace 18 años un proyecto de turismo comunitario. La mayoría de visitantes proviene del país de Europa y Norteamérica.

Esta comunidad kichwa impulsa desde hace 18 años un proyecto de turismo comunitario. La mayoría de visitantes proviene del país de Europa y Norteamérica. Foto: Álvaro Pineda/para El Comercio

Con una mezcla de tres variedades de tierra y el humus, Elena Perugachi coloca este sustrato en fundas plásticas y luego pone plantículas de aliso.

Esa es una de las nueve variedades de plantas del vivero Conopy Co, que funciona en la comunidad kichwa de Morochos, en Cotacachi (Imbabura), desde el 2009.

La iniciativa surgió tras la visita de un grupo de voluntarios estadounidenses que, entre otras tareas, propusieron a los campesinos sembrar plantas nativas en las faldas de la ‘Mama’ Cotacachi, como le conocen al cerro los indígenas.

Las primeras matas tuvieron que comprarlas en otro sitio. De ahí surgió la idea de destinar un terreno comunitario para reproducir especies nativas.

Perugachi lleva 8 de sus 41 años laborando en el vivero. Antes trabajó en el Proyecto de Desarrollo Forestal de la Unión de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Cotacachi (Unorcac). Ahí aprendió sobre las semillas, cómo y cuándo sembrar.

En la producción de plantas también colabora Francisca Oyagata, otra vecina de esta parcialidad. Este proyecto de reforestación es dirigido por el voluntario Peter Shear.

Hoy en las instalaciones del Conopy Co se produce: nogal, cedro, arrayán, acacia, capulí de monte, porotón, aliso, polylepis y pumamaqui. Esta última especie es de complicado desarrollo, señala Perugachi.

El vivero tiene 15 camas de crecimiento, cada una con capacidad para 1 100 plantas. Las mujeres se encargan de cuidar las matas hasta que alcancen una madurez, para luego trasplantarlas en la zona alta.

Ahora, cada turista que visita Morochos compra entre 10 y 15 arbustos, que luego deben sembrar personalmente en la zona alta de Morochos.

Entre los últimos visitantes estuvo un grupo 24 técnicos de Estados Unidos que participan en un programa de entrenamiento en liderazgo, que impulsa AG Forestry. Los foráneos reforestaron con alisos.

Esta siembra se hizo el 2 de febrero y coincidió con el Día Mundial de los Humedales. Fue una iniciativa de la comuna, la Fundación Altrópico y el Ministerio del Ambiente.

En la última década en esta parcialidad kichwa se han sembrado entre 10 000 y 12 000 plantas, calcula Antonio Jerez, responsable del proyecto de turismo local.

Los recursos económicos que genera la venta de las plantas se reinvierten en el vivero o en otras necesidades de la comunidad, explica.

El proyecto ambiental empezó a dar sus frutos. Poseen un bosque de seis hectáreas de árboles de aliso. Esas se suman a las 800 hectáreas de páramos que la comunidad también tiene con escrituras.

Este territorio se encuentra en la zona de amortiguamiento de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas.

Esa zona es el hogar de aves, conejos y alpacas. Estas últimas se introdujeron hace dos décadas para reemplazar a chivos, ovejas y vacunos que dañaban el suelo.

En Rumi Huasi, que es una piedra grande que tiene apariencia de una casa, está la única vertiente que abastece del líquido vital a la comunidad.

Alejandro Fueres, otro de los vecinos, ha participado en mingas desde que era niño. Desde hace dos meses dirige el cabildo de Morochos.

Una de las cosas que le preocupa es que en los últimos tres años el caudal se redujo de 1 a 0,5 litros por segundo, tras un incendio forestal que afectó a un bosque de pino.

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