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Una microbióloga ideó un ‘juguete’ para niños luego de escuchar que los tomates se cosechaban en los supermercados

Con el fin de que niños de entre 4 y 11 años entren en contacto con la naturaleza, la microbióloga Judith Romero ideó el proyecto Mi Primer Huerto. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Con el fin de que niños de entre 4 y 11 años entren en contacto con la naturaleza, la microbióloga Judith Romero ideó el proyecto Mi Primer Huerto. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Con el fin de que niños de entre 4 y 11 años entren en contacto con la naturaleza, la microbióloga Judith Romero ideó el proyecto Mi Primer Huerto. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Todo comenzó hace cuatro años, después de escuchar a un grupo de pequeños decir que los tomates llegaban a sus mesas desde el supermercado. Que en ese lugar crecían y se reproducían esos y otros alimentos. No sabían nada de semillas ni tampoco de un proceso de cultivo y cosecha. Es más, algunos no tenían siquiera contacto con la naturaleza.

Con el proyecto Mi Primer Huerto, la microbióloga Judith Romero buscó en un inicio solo educar, pero más tarde pensó en también involucrar a los más pequeños de la casa en esos procesos para que cuiden al planeta y luego, para que disfruten de los alimentos cosechados con sus propias manos. Todo eso en compañía de sus padres y madres, y más miembros de la familia.

Así fue como incluyó en el kit de Mi Primer Huerto semillas, pequeños maceteros, un miniinvernadero y una guía para que los más pequeños, de 4 a 11 años, siembren y en pocos meses cosechen tomates, lechugas y más.

Romero desarrolló el proyecto apoyada en su madre, licenciada en pedagogía; en su padre, ingeniero ambiental; en un ingeniero comercial y en una editora para desarrollar la historia, que es entretenida y motivante.

Al momento, dice, se han vendido 15 000 kits y ha impartido una serie de talleres en ciudades como Esmeraldas, Guayaquil y Quito. El pasado 27 de julio del 2019, precisamente, Romero dictó un taller para padres e hijos en el Jardín Botánico de Quito, el espacio donde empezó la historia de Mi Primer Huerto.

Mi Primer Huerto se encuentra disponible en las principales jugueterías del país. Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

Romero recuerda que acudió a ese lugar para presentar alternativas ecológicas para conservar cultivos con una empresa vinculada al agro y al ambiente. La creó hace nueve años. Entre los asistentes había profesionales y niños y “para entretenerlos empezamos con una serie de preguntas y ahí fue cuando nos respondieron aquello y quedamos asombrados”.

Con la información dando vueltas en la cabeza emprendieron un estudio en seis centros educativos ubicados en el Valle de Los Chillos y ahí constataron la necesidad de desarrollar el proyecto para educar de forma práctica y teórica a los niños. “Y lo hicimos porque creemos que el cambio empieza por una persona. Luego se sumarán más y más”.

Mi Primer Huerto ha ganado una serie de concursos locales y Romero ha tenido la oportunidad de socializar el proyecto en países vecinos como Colombia y Perú. La acogida ha sido buena y por eso ya piensa en lograr una certificación internacional para introducirlo en más mercados.

Por ahora, Mi Primer Huerto cumple con una normativa local que lo avala como juguete seguro. El sustrato, por ejemplo, es inofensivo para los niños y el ambiente. El kit viene en dos presentaciones y está a la venta en las principales jugueterías del país.