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El serígrafo de las cerámicas

Los nombres de las vías, sobre baldosas, que señalizan las calles de varias ciudades del país fueron elaborados en Atuntaqui. ¿Su creador? Édison Ruiz, un artista plástico que incursionó en este oficio por casualidad.

Hace más de 15 años el cantón Antonio Ante, que tiene 100 fábricas de confección de ropa, registró un crecimiento acelerado en la rama textil.

Entonces Ruiz aprendió la serigrafía para prendas de vestir, con la técnica transfer. Se trata de una serigrafía transferida a la prenda por una plancha industrial térmica por lo que solamente se estampa la tinta.

En 1996 llegó a emplear a 12 personas en su taller. Sin embargo, con el tiempo la competencia creció y Ruiz cerró su obraje.

Entonces incursionó en una técnica nueva que no tenía casi competencia: la impresión sobre cerámica y vidrio.

Su primer contrato fue con el Municipio de Cotacachi. El ex alcalde Auki Tituaña pidió que elaborara los nombres de las calles y los números prediales sobre planchas de cerámica.

Ruiz sabía poco sobre esto y recibió asesoramiento de un ciudadano mexicano para perfeccionar el proceso.

De la serigrafía tradicional utilizó la malla y el bastidor con los que dibuja los diseños en la cerámica, de preferencia de color blanco. La preparación de los colores, en la que utiliza óxidos especiales, también demandó varias pruebas.

Así aprendió, por ejemplo, que el amarillo de baja intensidad, al ser sometido a más de 700 °C toma una tonalidad más intensa.

Luego perfeccionó el proceso para fijar el estampado en las baldosas. “En la primera y segunda horneada se rompieron todas las cerámicas”, asegura.

Al principio cumplía los contratos alquilando un horno a un vecino. Después compró uno, que fue fabricado bajo sus propias especificaciones.

Con ese horno aprendió que el proceso de fijación de la pintura sobre la cerámica dura tres horas y el enfriamiento cinco.

Los contratos llegaron de Municipios vecinos como Ibarra, Otavalo, Antonio Ante, Urcuquí. Su fama se extendió a provincias vecinas como Carchi y Pichincha. Una cerámica impresa de 40 centímetros de ancho por 40 de alto cuesta USD 10.

Pero Ruiz también incursionó en el diseño de cenefas. Sus principales clientes son casas de haciendas convertidas en hosterías que funcionan en la provincia. El artista también tiene elaborado con esta técnica varios murales que decoran iglesias y edificios .

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