El Panecillo es una de las zonas afectadas por la alta población de perros callejeros. Allí se implementó un programa para control de población. Foto: Marcelino Rossi / Narices Frías

El Panecillo es una de las zonas afectadas por la alta población de perros callejeros. Allí se implementó un programa para control de población. Foto: Marcelino Rossi / Narices Frías

Martes 09 de octubre 2018

Población de perros callejeros en Quito sigue en aumento 

Gabriela Castellanos (I)
mgcastellanos@elcomercio.com 

Dimensionar la población real de animales de compañía en Quito siempre fue problemático. Las cifras eran un resultado de proyecciones en base a estudios demográficos internacionales. De ahí salieron las hipótesis de que existía un perro por cada seis habitantes en Quito.

Recién para el 2013 se realizó un primer estudio demográfico con una muestra real. Jaime Grijalva, médico veterinario con un máster en medicina de refugios, realizó una investigación conocida como el Estudio de Quito. Este trabajo, dice el autor, era estimar la población de perros vagabundos del Distrito Metropolitano de Quito, analizar la relación entre la economía con el bienestar animal y la prevalencia de parásitos.

En ese estudio se seleccionaron 16 parroquias urbanas y rurales en los que se aplicó una metodología para estudios demográficos utilizando un modelo estadístico. Se contaron perros abandonados y perros que podrían tener familia pero deambulan libremente por las calles.El resultado mostró que había un perro por cada 49 habitantes.

En el 2018 Grijalva hizo una revisión al estudio y utilizó un nuevo modelo estadístico de mayor precisión para analizar la misma muestra. Entonces se reveló que en zonas urbanas había un perro por cada 74 personas. En áreas rurales la población era de un perro por cada 47 personas. El promedio general era de un can por cada 59 habitantes. Esta información se publicará en una revista académica en los próximos meses.

En mayo de este año la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) inició dos nuevos estudios. Para el primero se usó la misma metodología de Grijalva. Se utilizaron las mismas parroquias seleccionadas y se desarrolló el censo en dos días.

Stella de la Torre, decana del Colegio de Ciencias Biológicas y Ambientales de la USFQ presentó los resultados. Actualmente hay un perro callejero por cada 18 personas en el área rural y un can por cada 26 personas en las parroquias urbanas. En general se puede decir que hay un animal por cada 22 quiteños.

Según las proyecciones poblacionales del INEC para Quito y las estimaciones de los censos, en el 2013 había 41 676 perros callejeros. Para el 2018 la población sería de alrededor de 122 280. Las cifras muestran que el abandono de mascotas ha aumentado hasta casi triplicarse.

“Es una realidad que a simple vista asusta un poco”, reconoce Karina Pizco, coordinadora de la entidad municipal Urbanimal. Esa institución trabaja según la Ordenanza 048 del 2011 que regula la tenencia, protección y control de fauna urbana. Entre sus competencias está el control de población y el método aprobado para este fin es la esterilización.

Las campañas iniciaron en 2011 pero no fue hasta el 2015 que tomaron fuerza. Desde ese año hasta la actualidad se han esterilizado un total de 42844 mascotas en el programa de visita a los barrios y con la modalidad de atrapar-esterilizar-soltar. A esta cantidad se suma un número desconocido de esterilizaciones realizadas de forma independiente por organizaciones y fundaciones de protección animal.

Por ahora resulta imposible saber si este número es suficiente o cuánto más se debe realizar, apunta Grijalva. Para eso es necesaria la implementación integral de la ordenanza según un plan de acción que incluya la identificación y registro de animales, educación y sanción del maltrato. Para desarrollar este plan sirve también el segundo censo realizado por la USFQ.

En esta actividad participaron estudiantes de varios colegios de la ciudad. Ellos recorrieron un total de 246 kilómetros contando los perros que se encontraban en las calles. El objetivo era medir la abundancia relativa; es decir, el número de perros por kilómetro lineal.

En este trabajo se encontró, por ejemplo, que Turubamba, Guamaní, Quitumbe, Cochapamba y el Comité del Pueblo tienen la mayor densidad poblacional. Por otro lado, Conocoto, La Magdalena, Mariscal Sucre, Iñaquito, Rumipamba, Jipijapa, La Concepción, San Isidro del Inca, Cotocollao, Carcelén y Pomasqui tienen menos perros por kilómetro.

Esto funciona para direccionar mejor los esfuerzos de control de población. Las campañas de esterilización serían más efectivas, según Grijalva. “En cinco años se puede volver a hacer un estudio y ver cómo ha evolucionado. En principio un objetivo realista sería tratar de estabilizar la población actual para luego reducirla”.

Controlar el problema de los animales abandonados no se trata únicamente de un tema ético, según De la Torre. “Hay un impacto ambiental con la fauna nativa. Los perros son depredadores y pueden cazar en busca de alimento. También compiten con otros animales endémicos por la comida. A eso se suma el tema de la basura y eso se convierte en una cuestión de salud pública”, argumenta.

El 19 y 20 de octubre se desarrollará un foro con la participación de investigadores, rescatistas, académicos, sector público y gremios veterinarios para trabajar en una estrategia de “una sola salud”, un enfoque transdisciplinario a la salud donde se contemplan temas ambientales, humanos y de bienestar animal.