En el inmueble del antiguo Molino San Juan, que abarca un área de 3 500 m², se acondicionó un pequeño museo sobre la factoría y un restaurante para recibir a los turistas. Fotos: Álvaro Pineda / para CONSTRUIR.

En el inmueble del antiguo Molino San Juan, que abarca un área de 3 500 m², se acondicionó un pequeño museo sobre la factoría y un restaurante para recibir a los turistas. Fotos: Álvaro Pineda / para CONSTRUIR.

Sábado 27 de octubre 2018

Un antiguo molino explota su Arquitectura

José Luis Rosales. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

La edificación, de paredes de adobe, techo de teja, entrepisos de madera y amplios ventanales, guarda la historia de más de un siglo del molino San Juan.

En su interior aún se conservan las partes de esta antigua factoría de Cayambe, en el norte de Pichincha, que funcionó hasta la década de 1950.

Esta joya arquitectónica es uno de los imanes de Molino San Juan Hacienda. Este establecimiento turístico recibió el galardón de Hotel Patrimonio Líder de Ecuador, en los premios World Travel Awards 2018, en septiembre pasado.

Es un reconocimiento a la investigación, conservación y a la decisión de abrir las puertas para que visitantes, extranjeros y nacionales, conozcan este ícono, asegura Jaime Pallares, representante de la firma.

En el antiguo molino se acondicionó una especie de museo con las piezas originales como la piedra solera, la tolva, la turbina de la máquina hidráulica que procesaba el trigo.

La capilla fue edificada en la época de la Colonia.

La capilla fue edificada en la época de la Colonia.

También hay un restaurante que ocupa el área en donde antes funcionaba el troje, en el que se almacenaban los productos de este predio.

El inmueble conserva materiales originales con los que fue construido en 1890. Entre esos están el carrizo y el chocoto, con los que se instaló el tumbado. Este último es una mezcla de barro, paja y estiércol de caballo, explica Joaquín Achina, uno de los empleados.

La pequeña capilla, que está ubicada frente al molino, fue construida en la época de la Colonia por sacerdotes jesuitas, antiguos dueños de esta hacienda. Se cree que estas tierras fueron un lugar sagrado para la confederación norandina Kayambi-Karanki.

En el sitio que antes funcionó el establo se instalaron 10 habitaciones con capacidad para 25 huéspedes. Así se busca atraer al turista.

Para su rehabilitación se utilizó una técnica biosostenible de construcción con pacas de tamo. La paja fue utilizada como bloque constructivo.

Achina, quien también fue uno de los obreros que participó en la recuperación de la cuadra, explica que sobre cadenas y cimientos aplomaron y ataron las pacas con alambre y recubrieron con mallas metálicas. El proceso es similar a edificar una pared de ladrillo.

El antiguo pasillo del establo conserva el piso original.

El antiguo pasillo del establo conserva el piso original.

Por último, con cemento y arena enlucieron los muros que poseen un estilo rústico. Es una técnica muy utilizada en México, indica la propietaria Magdalena Rivadeneira.

Entre las bondades del uso del tamo se tiene que actúa como un aislante térmico, por lo que permite mantener el calor en la edificación.

Además aseguran que es sismorresistente, porque las paredes de paja absorben la fuerza que genera un movimiento telúrico. Pallares explica que eso impide que la energía sísmica se transfiera al tejado, como sucede en las estructuras construidas de forma convencional. Por último, tiene buenas condiciones de aislante acústico, ideal para ofrecer un ambiente tranquilo.

Otra de las cosas que resalta en este hotel boutique es que toda la decoración, de estilo campestre, fue hecha por los propios emprendedores. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de un día de hacienda con confort.