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El perfil profesional

La legisladora Sofía Espín adquiere protagonismo por una decisión inadecuada, cuando visita en la cárcel a una ex agente involucrada en el caso Balda, lesionando la independencia de poderes del Estado. Pero ese protagonismo no tiene concordancia con lo que debe y no debe hacer un Legislador, el cual está para eso, legislar imparcialmente. De esa manera evidencia que no está preparada para ejercer un encargo tan delicado que le fue conferido por quienes votaron por ella; cuando digo que no está preparada, me refiero a que no cumple el perfil mínimo para el puesto de legislador.

En Administración de personal, cuando de seleccionar personas para un puesto se trata, se establece un perfil técnico, el cual entre otras cosas define los requisitos mínimos requeridos, sobre la base de las tareas y funciones que se deben cumplir. Los puestos además son jerarquizados considerando las responsabilidades asignadas; de hecho y de derecho, un asambleísta ostenta una jerarquía sin parangón. Sin embargo, nuestra constitución no establece requisitos mínimos, de ahí que tenemos legisladores que no están preparados para una responsabilidad de tal magnitud.

El adagio popular dice: “zapatero a tus zapatos”, por tanto, el recurso humano debe ubicarse en lo que está preparado y no en lo que cree equivocadamente podría estar preparado. Conmino al gobierno a que proponga una consulta popular que en lugar de meterse con los toros, gallos y casinos, formule la necesidad de contar con perfiles de puestos para quienes aspiren a ser legisladores, ministros de estado, subsecretarios, directores, etc. El perfil para los aspirantes a legisladores deberá considerar fundamentalmente formación integral en derecho, que permita la interpretación adecuada de las leyes que rigen los destinos de un País; formación específica en temas que les permita actuar eficientemente en las diferentes comisiones que integren; pero por sobre todo calidad moral a toda prueba, carácter y temperamento traducidos en una personalidad ponderada y alejada del clientelismo, las cuotas de poder y el borreguísmo.