Cartas a Quito / 2 de abril del 2024




Masacre de Viernes Santo y la memoria de la crueldad

El pasado viernes una veintena de individuos ingresaron a un centro hotelero en las inmediaciones de Puerto López en la provincia de Manabí y secuestraron a 11 personas entre los que se encontraban cinco niños. Acribillaron a cinco de ellas y una pudo huir para dar la voz de alarma, más tarde encontraron a los menores a salvo.

Han transcurrido más de dos meses desde la declaratoria de estado de excepción por parte del presidente del Ecuador, las cifras que ha dejado en el país son 7500 presos, 200 con cargos de terrorismo, 2.312 armas de fuego, 12.010 explosivos, 158.156 municiones, 1.221 alimentadoras (cargadores de balas) y 3.283 armas blancas decomisadas.

Hasta ahora, en el marco de dicho plan se han ejecutado 91.846 (una media de 2.624 diarias) operaciones conjuntas entre policías y militares en todo el país, 147 de ellas contra bandas de delincuentes denominadas ahora por las autoridades como grupos terroristas. Patrullas de uniformados y de militares se desplazan por numerosas zonas del territorio en un despliegue de fuerzas de seguridad nunca visto.

Según cifras oficiales entre el 10 y el 24 de enero del 2024, hubo 138 asesinatos, contando un promedio diario de nueve casos. En el mismo periodo del 2023 hubo 234 asesinatos, es decir, hay una reducción del 41% de estos eventos en relación con el año anterior.

Sin embargo, al comparar el mes entero las cifras se mantienen, siendo un promedio de asesinatos diario de 16,3 casos, igual al año anterior. El 91% de estos casos corresponden a violencia criminal.

El pasado jueves 28 de marzo por la noche, una veintena de personas ingresaron a un hotel en las inmediaciones de Puerto López en la provincia de Manabí y secuestraron a 11 individuos entre los que se encontraban cinco niños.

Uno de ellos pudo dar la alarma y el paradero de las otras cinco personas que fueron acribilladas, y sus cuerpos abandonados en la vía Puerto López-Santa Elena, pasando la comuna de Ayampe, en la costa ecuatoriana.

Ante la evidencia y las cifras, la declaratoria de guerra a los grupos delincuenciales esta dando señales de agotamiento, varios meses de movilización de milicias, varios meses de “conflicto interno” y al final las autoridades atribuyen muertes a la consecuencia del continuo enfrentamiento entre las bandas criminales, como si eso justificase la muerte o aun peor que aceptemos el nuevo país que se va construyendo.

Las autoridades definen a esta masacre como una equivocación por parte de las bandas criminales, lo que implica que los ciudadanos viven en un fuego cruzado permanente en el que los uniformados están para disuadir, más no para defender.

Los muertos ya no son Pedro, Juan, Ana, son solo cifras, porque los muertos son eso cifras y porcentajes cuya función es demostrar la utilidad de una medida y los efectos de ésta, ante el crimen organizado.

La importancia de una memoria de la crueldad es patente para poder entender cómo los cortes y rupturas en el tejido social construyen ciudades con periferias violentas, dónde la resolución de los conflictos se mezcla con la injerencia del narcotráfico y cómo poco a poco el abandono de la ciudadanía se traduce en autodefensas.

José Elías Armendariz Jarque

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