Cartas a Quito / 14 de julio del 2023

Jorge Isaacs, vida y muerte románticas.

Jorge Isaacs a pesar de ser el autor de una de las novelas hispanoamericanas más importantes del siglo XIX, ha sido un autor de una sola obra. Si tuviéramos que atribuirle una razón a su escasa producción literaria, analizando su biografía, la principal sería su predilección por un recorrido político antes que uno plenamente literario.

La vida de Isaacs estuvo rodeada de peripecias y desventuras, desde joven estuvo inmiscuido en las guerras civiles, además de perder parte de la fortuna y herencia familiar en este transcurso. El clima de agitación política, lo llevaría a tomar parte cada vez más en asuntos del país, Colombia, ocupando algunos puestos públicos. Solo en los breves y escasos momentos de reclusión solitaria, llevaba a cabo su vocación literaria, entre poemas y demás escritos, aparecería su novela “María”. No podría replicar este éxito lamentablemente, además de continuar en su beligerante camino político, se enfermaría de paludismo, lo que lo llevaría a su temprana muerte a los 58 años.

Hay quien pueda tachar de error el camino aguerrido que eligió Isaccs y que al final sería su propia tumba. Creo que tiene lógica, la forma en cómo vivió y murió va acorde con la naturaleza romántica de sus obras. Fue un rebelde romántico, que lucho por causas que consideraba justas y el precio fue la muerte. Del germen de su breve paso por este mundo, nos deleito con una novela romántica que inspiraría a generaciones.

Marc Pardo

El antídoto para la irracionalidad

Creo que el ser humano se distingue de los animales por su capacidad de razonar. Y francamente me alegro por eso. Sin embargo, hay seres humanos que, por creencias distorsionadas, consideran como un mérito, el someterse a razonamientos ajenos, sin siquiera objetar o chistar, sobre esas imposiciones. Esto, obviamente, coarta la capacidad de tener pensamiento propio, ya sea por indolencia intelectual, o, por simple comodidad. Y lo que es peor, hay cierto tipo de líderes, alienados por el poder que esto significa, que alientan esta actitud de grupos humanos.

Tenemos algunos seguidores de regímenes totalitarios, que, por conveniencia, ceden, de manera inexplicable, su calidad de humanos, alabando la imposición de ideas ajenas y aceptándolas como una necesidad imperiosa. Muchos de este tipo de seguidores, han “obtenido” profesiones, que deberían ser el resultado de estudios superiores, pero que no tienen empacho en mostrar su sumisión, o su adulo, como algo meritorio.

Vemos, por ejemplo, que dirigentes de partidos políticos consideran algo digno de aplauso, el aparecer en redes sociales portando tortas de cumpleaños para alabar a cumpleañeros, cantando felices cumpleaños, y difundir, sin ningún empacho este hecho. La costumbre de no razonar los lleva a una situación de sumisión que degenera en el servilismo.

No basta tener un título profesional para ser una persona razonable, lo hemos constatado con una gran cantidad de fanáticos que enarbolan esos títulos y que actúan como no pensantes. Pero, existe un antídoto: la lectura y el acervo cultural. Una persona que luego de obtener un título profesional lee y se culturiza, practica el razonamiento, no será jamás un seguidor ciego de nadie, no se tapará los ojos frente a los defectos de quienes quieren imponer sus criterios, razonará y sacará sus propias conclusiones, estará en posibilidad de distinguir entre una mentira y una verdad, querrá ser su propio “yo” y no ser el “yo”  de nadie.

Aquellos que creen que el título profesional, de por sí, es ya la cumbre de sus aspiraciones, y que en adelante ya no es necesario nada más, son los que se someten, dócilmente, al mandato de alguien más, son los que doran vanidades de quienes, a duras penas, ostentas títulos obtenidos en el extranjero, que los exhiben como un gran logro, pero que tampoco se han preocupado de cultivar la calidad de ser humano. Estos humanoides, pasan a engrosar un ejército, conformado junto con personas que no han tenido ninguna educación, que son, por naturaleza, presas fáciles de los fanatismos y se transforman en gregarios, en fanáticos, y, todos sabemos que el fanatismo nos es la manifestación del raciocinio, es la etapa de un ser humano que dejó de ser tal.

José M. Jalil Haas

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