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Una guía para reducir el riesgo de alergias oculares, comunes durante el verano

El verano arrancó en Quito y con esa estación -además del sol y cielo despejado- llegan las alergias oculares. Foto referencial: Pexels

El verano arrancó en Quito y con esa estación -además del sol y cielo despejado- llegan las alergias oculares. Se trata de un proceso inflamatorio de la conjuntiva del ojo que genera enrojecimiento en el área, explica Johanna Negrette, cirujana oftalmóloga especialista en cirugía refractiva y córnea de la Clínica Oftalmológica Andes Visión. 

El ojo reacciona frente a un alérgeno determinado: polen, polvo, pelo de gatos, perros, entre otros. De acuerdo con la experta, esa condición afecta al 10% de la población. Los niños y adolescentes son los principales afectados.  

Para evitar que ese proceso afecte el día a día de las personas es necesario visitar al especialista. Ese experto, en función del tipo de alergia ocular, determinará el tratamiento ideal. Sin embargo, Negrette aclara que este tipo de patologías se tratan con medicamentos antihistamínicos orales y con gotas artificiales.  

Ante la sensación de picazón o ardor provocada por la alergia está prohibido frotar los ojos. Aquello podría producir cambios en la córnea y empeorar patologías como la miopía, astigmatismo o la hipermetropía. 

Al momento se han identificado seis tipos de alergias oculares: Conjuntivitis alérgica estacional. “Es una de las más comunes. La causa principal es la exposición a aeroalérgenos circulantes como el polen, el pasto y esporas de hongos que son transmitidos por el aire”. 

Luego está la Conjuntivitis alérgica perenne. Esta aparece por la presencia de ácaros del polvo, caspa de animales u otros alérgenos no estacionales.  
Sigue la Queratoconjuntivitis vernal. Es un tipo más grave de conjuntivitis. Esta es más frecuente en hombres de entre 5 y 20 años con antecedentes de eczema, asma o alergias estacionales.  

También están la Queratoconjuntivitis atópica, Blefaroconjuntivitis por contacto y Conjuntivitis papilar gigante. Esta última se “produce en pacientes que usan lentes de contacto durante mucho tiempo”.