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Una reflexión en tiempos de pandemia

Es evidente que, en una sociedad donde todavía privilegiamos a los animales, antes que a los seres humanos, es inevitable que las crisis seguirán presentes por mucho más tiempo. Penosamente observamos como una gran parte de nuestras familias, destinamos ingentes recursos en alimentos balanceados especiales, jugueterías, peluquerías, trajes para mascotas y demás artículos suntuarios, que los animales ni siquiera necesitan; pues las prendas de vestir están diseñadas para las personas, que no tenemos abundante pelo en nuestro cuerpo, como protección ante las condiciones ambientales. Si una porción de estos importantes recursos económicos, los destináramos a apoyar causas nobles, como en la lucha contra el cáncer, a niños o niñas en situación de extrema pobreza y demás aspectos que, en nuestro país, se puede seguir enumerando sin pausar; nuestra sociedad sería distinta. Miremos que no es adecuado “animalizar a los seres humanos, ni humanizar a los animales”; que es una frase conocida; pues todos los excesos son perjudiciales; es importante cuidar de toda la creación; pero sin perder el sentido de cuidarnos entre todos primero, como lo esencial de una sociedad que pretende ser humanizada. Es preciso expresar, en esta nueva realidad donde hemos sido testigos de varios tipos de pobreza, pues una reflexión, que no busca oponerse a la adquisición tenencia o cuidado de animales, es llamar un poco la atención que, antes de adquirir una mascota, pensemos si primero podríamos ayudar a un conocido, incluso familiar cercano, a salir adelante en una época tan difícil; pues la mensualidad que nos costaría el mantener una mascota, lo podríamos destinar a generar milagros: iluminando familias que podrían tener al menos, más comida al día, una medicina que calme un dolor, una computadora y una mochila llena de ilusiones y proyectos con esperanza, tan necesarias en tiempos de pandemia.