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La guayaquileña en su poder

Se puede decir en este 9 de octubre del 2018 ¡Viva Guayaquil en su aniversario! ¡Qué vivan mis hermanos guayaquileños! ¡Viva su río bañado por el lirio y la pujanza que corre haciendo azules los veleros blancos.

Pero esta vez quiero saludar a una hija de Guayaquil y embanderarme del azul y blanco, de la fuerza de la mujer porteña. ¿Puede haber diferencia entre esta mujer con el resto de las ecuatorianas? No, cuando esta tiene en su pecho la esencia libertaria, que es la responsabilidad con su tiempo, el amor por su gente y el furor por sembrar flores perfumadas de esperanza.

Sin embargo, si hay diferencia, porque su palabra es alta como su ajustado porte, su semilla esparce vientos de madre. Y es que me ha tocado leer la fuerza poética de Cristina Reyes y su poemario “Mis plenos poderes”.

Porque este libro no muestra el poder barato o caro que brinda la política, ni el poder del oro que detestan los auténticos poetas, pues ellos (as) con su libertad ya lo tienen ganado todo. Este es el poder de la belleza, de “aquello que conocido causa placer, pero un placer puro, noble, desinteresado” por eso yo saludo a la poeta, a la ciudad musicalizada por su río, pues Guayaquil ciertamente es una urbe bella y ahora mucho más, porque le ha salido una poeta que además es política, o sea útil a su patria: Por eso grito en su fiesta: ¡ Viva Guayaquil ¡ Viva la poesía! ¡Vivan las poetas! porque en su regazo vive la eternidad anhelada.