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Especie que prolifera

Ellos laboran sin horario, son manualitos y están dispuestos casi a todo. Me refiero a aquellos ciudadanos que se cobijan a la sombra del mandamás, intentan pasar desapercibidos; son los indispensables “siete vidas que caen parados” y pasan bonito con el gobierno que sea, a su turno. Son, muchas veces, miembros de una misma familia que se infiltran en diferentes tiendas políticas, duchos en olfatear el ambiente político, acostumbran deslizarse, sinuosa y silenciosamente, en búsqueda de la ubicación estratégica: la “pega” en donde más “gotee”. En último caso, ¿por qué no en las aduanas?, se preguntan.

Existen también los que “saben la letra colorada”, expertos en números, plenamente identificados en el ámbito burocrático, que resultan indispensables para armar equipos de avanzada que son destinados especialmente a las áreas financieras, para que “hagan el trabajo científico” y, en lo posible, sin dejar huella.

Y, qué decir de aquellos personajes que a punta de “psicología criolla”, amplia sonrisa, fingidos buenos modales y don de gentes, y una buena dosis de cinismo, se han especializado en intermediar, cabildear, armar el lobby, hacer correr el aceite, reunir a los “precisos” para una cena de “negocios”, con la infaltable presencia de las damas de compañía (negocio que se alza como espuma).

No se puede olvidar a los “pipones”, producto del clientelismo político, cuya única función es esperar “al pie del cañón” la remuneración mensual de parte del “papá” Estado, a cambio de hacer absolutamente nada.

Lo descrito entraña corrupción, y nunca es tarde para realizar el control…