Textos breves sobre cine. Twitter: @andrescardenasm. Instagram: @andrescardenasmatute
Andrés Cárdenas Matute
Estudió periodismo en Ecuador y Chile. Ha escrito para periódicos y revistas de Ecuador, Colombia y España. Actualmente vive en Italia, en donde realiza estudios de doctorado sobre filosofía del cine.

Nunca, casi nunca, a veces, siempre (2020)

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Martes 23 de febrero 2021

Veo que mi pregunta no es exclusiva sino que se la hacen en varias entrevistas a Eliza Hittman, directora y guionista: ¿por qué en su película todos los hombres buscan abusar de las mujeres? El compañero de clase, el padrastro, el jefe en el trabajo, el tipo que se sube al metro, ese otro que conocen en el bus… Y la pregunta no surge por una reivindicación masculina, ni muchísimo menos, sino por razones estrictamente cinematográficas. Por razones de verosimilitud, que diría Aristóteles, sobre todo porque el gran valor de “Nunca, casi nunca, a veces, siempre” está en ese naturalismo con el que filma Hittman, que el jurado de Sundance llamó “neorrealismo”, en el que ni siquiera los primeros planos distraen sino que intensifican la exploración. No sirve la excusa de que lo que interesaba es la percepción de Autumn, la protagonista, porque la fuerza de la historia está afuera. La pregunta tampoco es desviarme del tema: la violencia de muchas miradas masculinas a la que está sometida es tal vez lo principal. Por eso el equilibrio debía ser exquisito. Pero lo dicho no quita la importancia de una grande y dura y triste película, que conquistó al jurado también en Berlín, sobre una chica de diecisiete años que se queda embarazada, no puede abortar en su estado y emprende una road movie silenciosa con su prima en busca de la intervención. Lo triste que resulta estar en tal abandono que la primera persona que te toma la mano con voluntad de consuelo sea la trabajadora de Planned Parenthood.