Persistencia retiniana

Textos breves sobre cine. Twitter: @andrescardenasm. Instagram: @andrescardenasmatute

Andrés Cárdenas Matute

Andrés Cárdenas Matute

Estudió periodismo en Ecuador y Chile. Ha escrito para periódicos y revistas de Ecuador, Colombia y España. Actualmente vive en Italia, en donde realiza estudios de doctorado sobre filosofía del cine.

Fue la mano de Dios (2021)

Llevo varios días pensando desde dónde mirar la última obra de Paolo Sorrentino. Tal vez lo mejor sea hacerlo desde la materia prima del cine: lo real. La película, una suerte de repaso a los recuerdos de adolescencia del cineasta, se divide en dos partes. En la primera, vemos a la familia de Fabio, alter ego de Sorrentino, que vive la felicidad de los primeros rituales domésticos en Nápoles. Vemos la ternura y el humor de su madre, quizá lo más bello de la película; vemos la infidelidad de su admirado padre, que empezará a dar forma al dolor y al imaginario del hijo. La segunda parte, en cambio, inicia tanto con el suceso trágico de la muerte de ambos –necesariamente idealizada por quien recuerda, tanto para su supervivencia como para la nuestra–, como con su peculiar inicio sexual, hecho que busca impulsarlo definitivamente hacia el futuro. Se va fraguando, entonces, la postura vital del pequeño Fabietto: la realidad es decadente y es allí en donde el cine hunde sus raíces. Es verdad que no se trata de un abandono de lo real, sino más bien del intento de conjurarlo con un grito desesperado, pero esta convicción necesariamente marca una estética. Quizá sea el miedo al fracaso lo que nos aleja de las cosas. ¿Ha sido siempre el trabajo de Sorrentino una melancólica huida? ¿Con qué parámetros podemos valorar un recuerdo? El hecho es que Fabietto termina escapando a Roma para, años después, quizás, hacer películas. Y, quién sabe, años después, quizás, regalarnos alguna gran belleza.

'Fue la mano de Dios' de Netflix. Foto tomada de Filmaffinity.com
‘Fue la mano de Dios’ de Netflix. Foto tomada de Filmaffinity.com