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Ocho pabellones de la Penitenciaría, blanco de las masacres

Familiares de presos asesinados esperaban ayer información en las afueras de la morgue de Guayaquil, para retirar los Foto: EFE

Las paredes de la Penitenciaría de Guayaquil están destrozadas. Hay orificios del tamaño de llantas de camión. Las puertas también están llenas de agujeros por las ráfagas de disparos. Los techos están rotos y en el piso hay túneles de tierra. Son las señales de la brutal arremetida que protagonizaron las bandas delictivas el fin de semana del 13 de noviembre del 2021.

El pabellón 2 fue el objetivo principal de los sospechosos. La información policial señala que cuatro organizaciones conocidas como Los Lobos, Las Águilas, Los Tiguerones y Los Choneros estuvieron involucradas en los actos violentos que dejaron 68 presos asesinados.

En lo que va del 2021, la guerra entre cuadrillas delictivas se ha concentrado en ocho pabellones. (ver infografía) .

Los partes policiales de los agentes que han intervenido en las matanzas señalan que decenas de cuerpos se han levantado en estas secciones dominadas por aliados de carteles de narcotraficantes mexicanos y colombianos.  

De hecho, en esta última masacre se constató que los perpetradores de los crímenes eran aliados a Los Choneros, pues se identificaron fallas en las seguridades de los pabellones 3, 7, 8 y 9.

Estos dos últimos son considerados los bastiones de la banda narcodelictiva originaria de Manabí.  

La cúpula policial ha señalado que la idea de los integrantes de esta red criminal era tomarse el poder del pabellón 2, tras la salida de Alex Salazar, de la banda de Los Tiguerones. El 10 de noviembre pasado, Salazar salió de la cárcel luego de que el juez Oswaldo Dávila, de la Unidad de Garantías Penales de Guayaquil, acogiera su solicitud de régimen semiabierto. La idea es cumplir el resto de su condena en libertad.

Informes del Servicio Nacional de Privados de Libertad (SNAI) revelan que en los dos últimos años todos los pabellones han sufrido modificaciones en sus jerarquías.

Para inicios de 2020, la mayoría de los pabellones de la Penitenciaría era controlada por Los Choneros. Se tienen datos que alias ‘Rasquiña’, cabecilla de ese entonces, tenía a su mando a más de 1 500 hombres. Con su asesinato, en diciembre pasado, la banda se fragmentó y surgieron tres cabezas.

La división de esta mafia hizo que Lobos, Tiguerones y Águilas arremetieran contra esa red. De allí que, en la matanza de febrero pasado, de los 79 presos asesinados en Guayaquil, Cotopaxi y Azuay, 55 pertenecían a la banda
de Los Choneros.  

Ese ataque desencadenó al menos 14 balaceras dentro de la Penitenciaría de Guayaquil. En esos ataques fueron asesinados presos de los pabellones 2, 3, 4, 5, 6, 9 y 12.  

El pabellón 5 fue el escenario más atroz de este año. 118 reos fueron acribillados, desmembrados, incinerados e ­incluso mutilados.

Desde entonces, tanto inteligencia militar como policial han intentado detectar los escondites que cada banda tiene para guardar sus armamentos.

Esta tarea ha sido difícil por el dominio que tienen los presos en las celdas. Eso lo reconocen los propios policías y fiscales que han intervenido en operativos dentro de la cárcel. “Los propios presos tienen las llaves de las celdas. Ellos deciden quién entra y quién no a los pabellones”, señala un oficial a este Diario. 

Esos datos se confirman en la investigación que la Comisión de Soberanía y Seguridad de la Asamblea Nacional culminaron hace nueve días. En ese documento se indica que una comitiva legislativa no pudo ingresar a la Penitenciaría. “No fue posible determinar la situación de estos grupos, dado que el control de los centros a lo interno lo ejercen las personas privadas de libertad”, se señala en el informe.

Pero eso no es todo, la Policía confirma que las condiciones de seguridad en esta cárcel son mínimas. La infraestructura data de los años 50. De hecho, en la matanza de septiembre pasado, los peritos recuperaron cuerpos en sumideros y alcantarillas.

En la masacre del fin de semana también se recuperaron cadáveres de personas que se ocultaban en túneles. Los agentes penitenciarios conocen que después de una gresca con víctimas, el poder de los pabellones cambia.

Según los guías, pasan al menos dos semanas hasta que los nuevos líderes aparecen y dan las nuevas reglas. Las alianzas entre redes también se activan. Hoy se conoce que los ChoneKillers apuntan al control del pabellón 2. Ellos ya han pasado por el dominio de esa sección; forman el brazo armado de Los Choneros y en las calles de Durán y Guayaquil dominan el negocio de los sicariatos.

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