2 de February de 2011 00:00

El espacio público no está diseñado para los niños

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En el pasillo del Balcón de Servicios del Municipio de Quito, Margarita Pérez paseaba ayer a su hijo Gabriel, de 2 años. Mientras caminaban le repetía “ya, ya, ya nos vamos”. El niño estaba inquieto y lloraba. Ellos acompañaban al abuelo del niño, quien esperaba su turno para pagar el Impuesto Predial.

Margarita Pérez solo podía circular con su hijo por los pasillos y por unas gradas, porque el área central estaba ocupada por varias filas de sillas, que a las 10:00 estaban ocupadas por los usuarios.

Gabriel estaba fastidiado, porque no podía jugar y debía estar sujetado o cargado de su madre. “Es incómodo, no hay un espacio donde podamos estar tranquilos con los niños”, se quejaba Pérez.

Mercedes Logroño tramitaba la patente municipal. Ella tenía el turno 95 y la pantalla marcaba el 84. Su hijo Sebastián Ibujés, de 3 años, correteaba por medio de las sillas y en las gradas. Para Logroño todas las instituciones públicas o privadas no piensan en los niños.

Esta madre comentaba que en muchas ocasiones los guardias de seguridad le llaman la atención, pidiéndole que Sebastián haga silencio. “Mi hijo es hiperactivo, no puedo pedirle que se quede quieto o que se calle. Les impiden el derecho de sentirse cómodos”.

A las 10:30 llegó Verónica Cisneros, junto con su hija Micaela Cabezas, de 3 años. La niña cargaba un caballo de peluche, con el cual jugaba mientras su madre sacaba la patente del negocio de cabinas de Internet. Para Cisneros, los juguetes son una opción para que los niños se distraigan y no se fastidien en los lugares que no son adecuados para ellos.

Según el estudio de Corpovisionarios, el quiteño es indiferente frente al maltrato de los niños y niñas. Para Alejandro Pazmiño, técnico de participación del Consejo Metropolitano de Protección Integral a la Niñez y Adolescencia de Quito (Compina), la falta de espacios adecuados para ellos es parte de esa intolerancia.

Pazmiño considera que los espacios públicos que hay en la ciudad están pensados en función de los adultos y no de los niños.

“Los ejemplos son las canchas y la mayoría de parques. Lo más cercano es en el parque La Alameda. Allí las canchas de fútbol y de básquet no son para niños. La estructura como tal está pensada en un mundo para adultos”.

En el edificio matriz del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), ubicado en la av. 10 de Agosto, también se refleja esta realidad. A la entidad acuden diariamente unos 1000 usuarios para hacer trámites administrativos.

Ayer se observó a varias madres, que cargaban a sus hijos. Una de ellas fue María Amanta, quien hacía fila para verificar si su patrono le había afiliado.

Para que su hija Adamaris Ramos, de 3 años, deje de llorar le compró un dulce. La niña estaba inquieta y no se cansaba de decir “ya vamos”.. Amanta no le permite a su niña jugar por temor a que se pierda. En el segundo piso estaba Antonio Sagñay con su hijo Juan Andrés, de 2 años.

“Es inquieto, quiere jugar y como no puede llora, se desespera. Como padres sufrimos porque no hay espacios para ellos”.

Esa realidad también es una constante en otras entidades, donde también es común ver a niños, sin un espacio para ellos.

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