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Los niños se enamoran del ejercicio a partir de juegos

El fútbol potencia el funcionamiento pulmonar y cardiovascular; promueve el trabajo en equipo. Foto: Pexels

Carlitos está cerca de cumplir 4 años. Para desarrollar sus habilidades motrices básicas, mamá y papá organizan salidas al aire libre casi a diario. También lo hacen para que su retoño se aleje del sedentarismo y para evitar que en un futuro cercano engrose la lista de niños que padecen obesidad o sobrepeso.

Sobre las caminerías de algún bosque o parque lo motivan a caminar, correr, saltar, lanzar y vencer obstáculos; todo a manera de juego, sin ninguna presión.

Esos estímulos, justamente, recomienda el deportólogo Enrique Chávez para niños de entre 3 y 8 años. “Pueden lanzar piedras al río o subir y bajar escaleras. Lo importante, aquí, es que se mantengan activos”, insiste.

Con eso, además, cumplirán con la cuota de ejercicio que sugiere la Organización Mundial de la Salud. “60 minutos como mínimo”, se lee en el último reporte.

“Hay que señalar que, si los niños no realizan ninguna actividad física, cualquier actividad inferior a los niveles recomendados será más beneficiosa que no hacer nada en absoluto”.

Luego -entre los 8 y 12 años- la actividad física debe estar enfocada en aprender gestos técnicos.
A esa edad, según el especialista, todo niño debe saber bailar, nadar, pedalear, patinar… También se les sugiere la práctica de disciplinas milenarias, como el yoga.

Para que aquello se cumpla es indispensable el apoyo de los padres; estos deben presentar todo el abanico de opciones y motivarlos a practicar la mayor cantidad posible. Después de experimentar los beneficios de cada disciplina, los niños se quedarán enganchados con una o dos.

Esas -a lo largo de su vida- le ayudarán a mantener un estilo de vida saludable, alejado de enfermedades como diabetes, hipertensión, cardiopatías. El ejercicio es sinónimo de vida y eso se comprobó en la pandemia del covid-19.
Los hijos mayores del deportólogo Chávez, por ejemplo, practicaron varios deportes durante su infancia. Al final, se quedaron con el fútbol y el tenis de campo. Son unos adultos sanos. Hacen ejercicio con frecuencia.

La natación incrementa la flexibilidad. También favorece la coordinación y la agilidad. Foto: Pexels

Fuerza y resistencia

Durante los 8 y 12 años, los niños también están ‘obligados’ a trabajar su fuerza y resistencia. “Deben fortalecer el sistema cardiovascular y respiratorio. Un niño que no es fuerte es candidato a ser enfermo”, asegura Chávez.

Pueden hacerlo dentro de casa o en un centro de acondicionamiento físico, pero solo con el peso de su propio cuerpo, dice el deportólogo Celio Romero, o con cargas muy ligeras, añade Chávez.

Los pequeños pueden fortalecer todos los músculos de su cuerpo con sentadillas, flexiones de pecho, planchas isométricas.

A esos se los conoce como ejercicios funcionales; se adaptan a los movimientos naturales del cuerpo humano para trabajar de forma global músculos y articulaciones.

Todos esos ejercicios, dirigidos por profesionales, no representan ningún peligro para los pequeños.
Los daños llegan, menciona Romero, cuando hay sobreentrenamiento o un mal gesto deportivo.

En esos casos se producen roturas, esguinces y tendinitis. Por un sobreentrenamiento, también existe el riesgo de que los niños se cansen del ejercicio y lo abandonen. Suelen reconciliarse, por lo general, cuando son adultos y padecen alguna enfermedad.

A los ejercicios de fuerza y resistencia, la Organización Mundial de la Salud sugiere incorporarlos tres veces a la semana, como mínimo. “Las actividades vigorosas refuerzan, en particular, los músculos y los huesos”, menciona en
su última guía, socializada en enero del año pasado.