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En Quito aumentó la radiación solar, pero los solmáforos no funcionan

Los habitantes de la capital utilizan sombrillas para protegerse de la radición. Es una de la recomendaciones para evitar complicaciones en el futuro. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Al estar en la línea equinoccial y sobre los 2 800 metros de altitud, Quito está más cerca del sol y, por lo tanto, sus habitantes tienen mayor riesgo al someterse a rayos ultravioletas. Esa sensación de que ‘el sol de Quito muerde’ tiene su explicación.

El sol en la capital es más agresivo que en otros lados del país y del mundo. Eduardo Espín, exdirector de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la Universidad Central, explica que debido a la ubicación, los rayos solares caen de manera perpendicular. Esto genera un alto nivel de radiación.

Según la Red de Monitoreo de la Calidad del Aire de la Secretaría de Ambiente del Municipio capitalino, en los últimos cinco años se registró un aumento de la radiación ultravioleta (UV), tanto en el promedio anual como en los picos más altos de cada año.

Para entender lo que significa, se debe saber que la escala que se usa para medir los UV dice que de 0 a 7 la radiación es entre muy baja y moderada, entre 8 a 16 está entre alta o muy alta. Y las cifras mayores con consideradas extremas.

Según la OMS, 11 es el máximo tolerable seguro para el ser humano. Las estadísticas de Quito muestran, por ejemplo, que en el 2018 la cifra más alta se registró el 7 de septiembre, se llegó a 16,6. El 19 de junio de este 2022, en cambio, se alcanzaron los 19,5 puntos.

El promedio anual (que se consigue valorando tanto las cifras registradas incluso en las noches y los meses lluviosos) también ha aumentado. Pasó de 1,6 a 2,2.

¿Qué está ocurriendo?

Cecilia Pacheco, secretaria de Ambiente del Distrito, explica que las zonas donde se registran más altos picos están ubicadas en el centro y en la zona de Jipijapa. Señala que habría que realizar un estudio para identificar las causas, pero es probable que tenga que ver con la cantidad de construcciones en estos sectores. Mientras más cemento hay, el sol se refleja con más fuerza; en cambio, el impacto es menor en zonas verdes.

Espín considera que otra de las razones tiene que ver con la afectación a la capa de ozono causada por la contaminación. Dicha capa sirve “de paraguas ante los rayos”, pero cada vez pierde grosor.

Dice que ese fenómeno viene de la mano con el cambio climático, que ha hecho que también se registren meses extremadamente lluviosos y que la época de invierno y verano ya no sea tan definida como hace 10 años.

Los solmáforos están dañados

Debido a la presencia de rayos UV, en 2015 la Secretaría de Ambiente llevó a cabo un proyecto para colocar tres solmáforos (una especie de semáforos que miden la radiación) en los parques Itchimbía, Las Cuadras y Bicentenario, tres de los espacios más visitados de la urbe. Cada aparato tuvo un costo de USD 15 000.

Así, por ejemplo, si el solmáforo marcaba verde, las personas podían saber que hay presencia baja de rayos UV. En cambio, si marcaba rojo, se registraba un nivel altísimo de radiación. Pero desde el 2021, ninguno de los tres aparatos funciona. La razón, según Pacheco, es que no recibieron un correcto mantenimiento.

Justamente este momento se está retomando el mantenimiento y definiendo un proceso para rehabilitarlos. Esperan que hasta fin de año se pueda concretar.

Mónica Viteri acude todos los días al parque Bicentenario a pasear a Boris, su perro. Siempre sale con gorra y gafas para protegerse del sol. Cuenta que el solmáforo le era de mucha utilidad, porque cuando la radiación era alta ella no se retiraba la chompa, así tuviese calor, para evitar quemaduras.

Mónica extraña tener esa información a la mano. Aunque sabe que por redes sociales también puede acceder a esos datos, ella prefiere verlos en el parque.

La dermatóloga y catedrática Denis Caicedo explica que los rayos ultravioletas son los responsables no solo del envejecimiento de la piel sino de las quemaduras, que pueden originar graves problemas como cáncer.

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