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Medicina y Estado frente a la salud – enfermedad

El hospital gíneco-obstétrico Isidro Ayora fue inau­gurado en 1951, como culminación de un largo proceso para mejorar las condiciones de los partos. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El hospital gíneco-obstétrico Isidro Ayora fue inau­gurado en 1951, como culminación de un largo proceso para mejorar las condiciones de los partos. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El hospital gíneco-obstétrico Isidro Ayora fue inau­gurado en 1951, como culminación de un largo proceso para mejorar las condiciones de los partos. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Las políticas de Estado para enfrentar la enfermedad -como ocurre en el caso de la pandemia que vivimos en estos días- o las acciones para favorecer una salud adecuada expresan no solamente las determinaciones en el manejo de poder público o los avances de la ciencia y la tecnología, sino la visión epistémica -el pensamiento médico– para actuar de una u otra manera frente a circunstancias concretas y en momentos específicos de la historia.

En nuestro país, al final del siglo XlX, correspondiente a la postrimería del periodo conservador, en referencia a los asuntos vinculados a la enfermedad, el enfoque del poder -y de la sociedad– estuvo ligado a la práctica médica asistencial, muy próxima a la noción de la misericor­dia cristiana.

Con el triunfo de la Revolución Liberal se instauró en el país en el periodo Alfarista -1895-1901-, una visión de la salud alrededor del modelo asistencialista público, en cuyo entorno la enfermedad fue observada como un acaecimiento que debía ser confrontado, preferencialmente, desde el Estado.

El segundo régimen liberal, el del general Leonidas Plaza Gutiérrez (1901-1905), tuvo menos apremios políticos que el régimen de su antecesor, lo cual le permitió atender otras situaciones e introducir en su gestión de salud los esbozos de la práctica higienista y desarrollar una actividad para controlar, desde el Gobierno central, la salud de los ecuatorianos.

Todo esto se volvió evidente -por ejemplo- al encargar nuevos roles a las Juntas de Beneficencia, instituidas en la última década del siglo XlX, intentando alrededor de ellas centralizar el funcionamiento de las instituciones que se preocupaban de las enfermedades. A esta etapa corresponde la fundación del higienismo público de primer grado.

En la segunda administración del general Eloy Alfaro (1906-1911) se produjeron cambios cualitativos en la atención de la salud desde el Estado y, adicionalmente, en respuesta al modelo económico en ciernes. En este periodo se creó el Servicio de Sanidad Pública y se promulgó su ley correspondiente. Esta abordó los temas concernientes a la higiene y a la salubridad, así como respecto de las cuarentenas marítimas, interprovinciales e interurbanas.

Esta etapa debe conocerse como la del higienismo público de segundo grado, en cuyo contexto surgió, además, el Servicio de Sanidad Militar y se fundó la Cruz Roja Ecuatoriana.}

A lo largo del periodo 1911-1918, el enfoque médico que se produjo en la década precedente tuvo similar orientación hasta que se presentó una pandemia que puso a prueba otras complementariedades en la conducta epidemiológica y, por supuesto, en el pensamiento médico.

Los sucesos médico-sociales que ocurrieron en el Ecuador a partir de la pandemia denominada ‘gripe española’ -que debió llamarse ‘gripe de Kansas’- y que llegó al país en diciembre de 1918, dieron cuenta también de una nueva noción de higienismo público, puesto que la respuesta a tal enfermedad -de la mano del médico Isidro Ayora, entonces decano de la Facultad de Medicina- evidenció manifiestamente la influencia del pensamiento médico europeo.

Si bien se suscitaron 15 070 contagios en Quito y 185 defunciones, entre el 16 de diciembre de 1918 y el 19 de enero de 1919, las medidas higienistas públicas -a las que las denomino de tercer grado- fueron fundamentales e impidieron una situación similar a lo que ocurrió en otros países de la región.

Las medidas epidemiológicas asumidas en Quito, ciudad en la cual se desarrolló la pandemia gripal, involucraron la movilización social, la interacción de las entidades públicas, el desarrollo de políticas de comunicación adecuadas y la construcción de una red médica y de boticas que atendió sin costos a la población -a propósito de la subvención
municipal- y que oportunamente fue instruida sobre las normas preventivas para enfrentar la enfermedad.

Luego de este particular suceso, en el periodo Juliano (1925-1931) sobrevinieron otras acciones propias del higienismo público avanzado: se centralizaron los servicios municipales y nacionales de higiene bajo una misma unidad científica y administrativa, para cuyo efecto se dividió al país en distritos y se crearon las Ligas de Salud Pública encargadas de evitar la propagación de la peste blanca y de la sífilis, entre otros padecimientos.
En este lapso, adicionalmente, se formuló la Ley de Sanidad, se sustituyó la Ley de Beneficencia Pública por la de Asistencia Pública, a la par que se trabajó tenazmente en el ‘saneamiento’ de la ciudad de Guayaquil. Todo lo referido tuvo lugar al propio tiempo de preocuparse de algunas medidas de protección social.

En este periodo, la influencia y gestión de Isidro Ayora en las Juntas Provisionales del Gobierno (1925-1926) fueron trascendentes, y luego en sus administraciones presidenciales (1926-1931) la construcción de un modelo de salud complementario fue excepcional, pues imprimió una nueva huella en el pensamiento médico ecuatoriano, correspondiente al de la salud pública.

En esta fase se pudo advertir que todo el tramado económico y social se constituye en un determinante de la salud de los ciudadanos y que, por lo tanto, para superar las enfermedades -o para confrontarlas- se debe incidir, con acciones públicas, en la modificación de las distorsiones socioeconómicas que propician la enfermedad.

En este entorno sobrevino la creación de la Caja de Pensiones, la promulgación de la Ley de Jubilación y de Montepíos o la expedición de reglamentos para favorecer a la mujer trabajadora, así como el im­pedimento para el trabajo de los menores de edad, entre otras cosas, y que se
constituyeron en los antecedentes de la salud pública que esbozó Ayora.

Este breve recorrido, que da cuenta del desarrollo del pensamiento médico en las tres primeras décadas del siglo XX en nuestro país y de su influjo en el comportamiento estatal para actuar frente a la salud-enfermedad, nos permite aseverar que su aprehensión rigurosa se constituye, además, en otra de las aristas para vislumbrar la historia de nuestra Patria.

*Historiador, docente.