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Las ‘limpias’ tienen demanda en Cuenca

María Morocho trabaja en el mercado 10 de Agosto.Enpromedio atiende 40 personas a la semana. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

María Morocho trabaja en el mercado 10 de Agosto.Enpromedio atiende 40 personas a la semana. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

María Morocho trabaja en el mercado 10 de Agosto.Enpromedio atiende 40 personas a la semana. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Las pulseras rojas de semillas, hierbas medicinales, inciensos, aceites y colonias son los principales elementos que usan las familias azuayas para combatir los denominados mal de ojo, malaire o susto en las personas.

Estos productos naturales se comercializan en tiendas y puestos ubicados cerca de los mercados cuencanos. A esos centros de abasto también llegan -los martes y viernes- las curanderas que practican la medicina ancestral.

El mal de ojo es una creencia popular. Los curanderos sostienen que es causado por una persona que siempre está cargada de energía negativa y que es capaz de producir daño a otra solo con mirarla.

En los niños se asocia con el llanto, dolor de vientre y de cabeza, debilidad, sueño y falta de apetito, dice la curandera María Morocho, quien labora en el mercado 10 de Agosto.

María Vargas sospechaba que su hijo de 2 años estaba “ojeado” por eso, el viernes pasado lo llevó hasta donde su curandera de confianza.

Cuando el niño está muy afectado, Morocho suele practicar tres sesiones el mismo día; de lo contrario, una por atención. Para esto utiliza una variedad de hierbas, como manzanilla, Santa María, sauco, poleo, arrayán, eucalipto, laurel, entre otras.

“Nuestro cuerpo es emisor y receptor de vibraciones, y quién no ha sentido en alguna ocasión una mirada punzante como de envidia que nos produce efectos nocivos”, sostiene Rosa Coronel, una de las 15 curanderas de este mercado.

Por día atiende a 15 pacientes, la mayoría niños. Cuando son recién nacidos recomienda colocarles una pulsera roja elaborada con semillas naturales o una bolsita roja con un ajo. “Sirven como amuletos preventivos”, dice Coronel.

De esos elementos sobresale la cabalonga, que es una planta de la Amazonía con una semilla gris. A las niñas se les coloca en la mano derecha y a los varones en la izquierda, de acuerdo con la cosmovisión andina.

Rolando Grijalba, de 51 años, tiene un puesto en el mercado 10 de Agosto. Él vende las cabalongas y pulseras de mullos los martes y jueves, los días dedicados a las “limpias”.

La cinta roja y la cabalonga son un potente amuleto capaz de absorber y repeler las energías fuertes o negativas, dice el shuar Galo Puwainchir, conocedor de la medicina ancestral. Son elaboradas y comercializadas en Cuenca por indígenas de Morona Santiago.

En las inmediaciones de la plaza de San Francisco y el mercado 10 de Agosto hay más de 50 tiendas y puestos que venden estos accesorios, inciensos, velas y colonias. María Ramón, propietaria de Bazar El Carmen, ubicado en la céntrica plaza de San Francisco, vende un promedio de 10 cabalongas al mes.

La belleza y elogios excesivos, aunque no exista el deseo de causar daño, también atraen el mal, explica Leonor Cabrera, de la Red de Agentes de Medicina Ancestral del Azuay, avalada por el Ministerio de Salud Pública.