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En la Sierra norte se rescatan tradiciones de Finados

Antonio Aguilar lleva 8 de sus 64 años asistiendo a rezar por las almas de cementerio indígena Unorico Samashunchik, de Otavalo. Foto: EL COMERCIO

María Flores es una de las rezadoras de las almitas que retornó al cementerio indígena Unorico Samashunchik o Descanse en Paz en Otavalo, Imbabura, para recitar oraciones a cambio de alimentos que le entregaban familiares de los difuntos

La mujer recuerda que el año pasado este camposanto permaneció cerrado durante la temporada del Día de los Muertos por las restricciones de la pandemia de covid-19. El lunes 1 de noviembre del 2021 mientras rezaba una Avemaría con un clavel esparcía agua bendita sobre las tumbas en donde están enterrados dos parientes de Rosa Elena Castañeda.  

Decenas de kichwas, como Catañeda, llegaron al panteón para cumplir con el rito de visitar a los difuntos. Castañeda llegó cargada de guaguas de pan, fréjol y choclo cocidos, mandarinas y plátanos para compartir con parientes y con las personas que oran por quienes han partido. 

Flores cuenta que, desde hace una década, cada 1 y 2 noviembre, llega al cementerio para ofrecer esos responsos. Recuerda que cuando era joven acompañaba a su abuela María Barbarita Vaca, ya fallecida, quien le enseñó todas las oraciones. 

Ahora hay niños y adultos que se dedican a esta práctica. Dilan, de 13 años, aprendió por su cuenta a orar por las almas y desde hace cuatro años acude al Samashunchik. Viste un pantalón y camisa de color blanco, un pañuelo morado cubre su cabello y en sus manos porta un rosario

Este es un personaje que representa al Ángel Kalpay. Según Luis Guamán, presidente de la Unión de Organizaciones Indígenas del cantón Otavalo, es una antigua tradición que se trata de rescatar. 

En ciudades vecinas como Ibarra, en Imbabura, y Tulcán, en Carchi, también fue más notoria la asistencia de personas a los camposantos la víspera de la conmemoración del Día de Difuntos.

Según el ECU 911, el cementerio Patrimonial José María Azael Franco, famoso por las 308 esculturas en ciprés, registró pasadas las 10:30 una gran afluencia de personas. 

En este campo se dispuso recorridos nocturnos en donde actores que representan a personajes ilustres guían a los visitantes por las diferentes áreas.

En este cantón fronterizo también se trabaja en el rescate de una tradición representativa de las comunidades rurales de la localidad. Se trata de la corrida de ángeles y la velada del paño que se realizaba de 02:00 a 05:00 los dos primeros días de este mes.

Para Johanna Sánchez, jefa de Patrimonio del Municipio de Tulcán, es parecida a la tradición kichwa, pero tiene influencia de la Cultura Pasto. Niños vestidos como ángeles visitaban de casa en casa durante el Día de los Difuntos. “Ángeles somos del cielo venimos pan querimos (sic)”, es una las frases que mencionaban los chicos

En cada hogar se colocaba una mesa con las fotografías de las personas fallecidas. Junto había paños de color negro y blanco, un crucifijo, un recipiente con agua y romero. Por segundo año consecutivo, el Cabildo realizó en las parroquias de Julio Andrade, Pioter y Tufiño una réplica de esta tradición que se practicaban tanto en el lado ecuatoriano y colombiano. “Es un patrimonio que atraviesa los dos territorios”, asegura Sánchez. 

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