6 de marzo de 2020 00:00

Un chocolate esmeraldeño en el que se resalta la tradición

David Quiñónez trabaja con emprendedores de la provincia para elaborar su producto. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

David Quiñónez trabaja con emprendedores de la provincia para elaborar su producto. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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La pasión por el chocolate llevó a David Quiñónez a emprender en un negocio que rescata una tradición familiar originada en el campo, hasta convertirla en una marca que identifica a los esmeraldeños.

Gratitud es el nombre del sello chocolatero con el que este emprendedor afrodescendiente se ha dado a conocer dentro y fuera de la provincia de Esmeraldas.

Hace un año, empezó con la iniciativa en un rincón de su casa en el sur de la ciudad de Esmeraldas, donde preparaba sus chocolates y los ofrecía a sus amigos. Su capital inicial fue de USD 800, con el que compró la materia prima para producir unas 300 unidades de bombones elaborados con chocolate 100% fino de aroma.

Un año después, la producción aumentó a 10 000 unidades al mes, que se venden en pequeñas cajas con la marca Gratitud, en una local del centro de la ciudad de Esmeraldas.

“La textura y el sabor del chocolate hace el que producto agrade a quienes somos amantes de la dulcería ancestral”, señala Sandra Plaza, una de las clientas.

Este emprendimiento se ha convertido en un negocio familiar en el que trabajan cinco personas, quienes ofrecen el chocolate tradicional con una receta sencilla que ha pasado de generación en generación.

Como parte del proceso está tostar, moler y hacer la pasta en barra, para hacer el llamado chocolate de taza. Esta preparación es acompañada de canela, clavo y pimienta de olor.

Para preparar los bombones, David Quiñónez debió especializarse para hacer las distintas golosinas, trufas, gourmet y otros tipos de postres que están relacionados con el dulce o con los brownies.

Este emprendimiento tiene dos líneas de negocios: venta de productos en un local en el centro de Esmeraldas y la producción bajo pedido de bombones, trufas, alfajores y bocaditos para celebraciones. Esta iniciativa representa un margen de ganancia del 30% en ambos modelos de trabajo, que actualmente representa una inversión de USD 8 000.

Para continuar con su proyecto, a través del Programa Emprendimiento Joven, Ban­Ecuador le entregó un crédito por USD 6 000, con el que ha fortalecido su trabajo en la producción de bombones.

La producción de cacao fino de aroma se da en grandes cantidades en la zona norte de la provincia como el cantón Eloy Alfaro, donde se obtiene la materia prima para preparar el chocolate. Además, se obtiene el cacao fino 100% en barra de otros emprendedores dedicados solo a la producción.

Existen otros emprendedores encargados de la producción de pulpa de fruta como de la maracuyá, utilizada en la preparación de los bombones de maracuyá, así como la frutilla, guayaba y guanábana.

David Quiñónez es ingeniero es Sistemas, Marketing Digital y Desarrollo de Software, actividad que se desenvuelve, al igual que en la producción de bombones.

“Lo que observó es la innovación gastronómica que busca el turista, en donde conste ese toque de cultura en cada cosa que se hace para emprender”, comenta la académica Roxana Benítez, de la Escuela de Pymes de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Esmeraldas.

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