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Un sobreviviente de la colonia

Hernán Jaramillo tiene 65 años, dos hijos y un solo amor verdadero: la herrería genuina.

Las manos -toscas y curtidas como el cuero viejo por el calor de la fragua y los golpes de combos y cinceles- reflejan el trajín que este hombre de cuerpo enjuto y pelo entrecano ha tenido desde que tenía 8 años.

En ese tiempo, Jaramillo se dedicaba a dar forma a varillas y toles en sus ratos libres, luego que regresaba de la escuela.

Lo hacía en el taller que su padre, José David, heredara de su abuelo Miguel y que quedaba a tres cuadras de la Escuela Hermano Miguel, en San Blas.

Allí se enamoró de este arte que hoy vive días difíciles por culpa de la globalización. “Ahora los almacenes venden objetos chinos que se fabrican en serie y cuestan mucho menos que los que fabrica con esfuerzo y arte Hernán”, explica Lola, la hermana mayor que vive en la misma casa donde el artesano tiene su taller: Manosalvas E544 y Valparaíso, en el corazón del tradicional barrio La Tola,

La herrería, explica este maestro en convertir los pe-dazos de tol de 1,5 mm de espesor en chapas, candados, apliques y cerraduras es la “cerrajería vuelta arte”.

Claro, los candados y cerraduras y portavelas que salen de las manos de este artesano no son cualquier cosa: son unas piezas de colección que buscan con ahínco los pocos amantes de este trabajo, a quienes no les duele pagar USD 300 por un candado ‘extralarge’ o USD 110 por una chapa calada, repujada o grabada con esmero y mucho arte.

Tan difícil está la cosa, explica Jaramillo con un nervioso juego de manos, “que ahora toca atrapar al vuelo toda chaucha que cae en el taller”. Y lo hace sin remilgos y con la sonrisa ancha, pues a pesar de todo es un optimista impenitente.

Pero aunque haga tareas de cerrajería siempre se da tiempo para fabricar sus obras de arte que, por eso mismo, son muy laboriosas. Un candado grande requiere de un mes de trabajo constante; los más pequeños están listos en dos semanas.

fabricar uno de estos artefactos tiene su proceso. Una cerradura para una cómoda taraceada, por ejemplo, comienza con el dialogo con el otro artista. Luego se toman las medidas y se saca el modelo en cartulina o papel. A continuación se traslada el diseño al tol y empieza el calado. Entonces es hora del vaciado de las partes que no sirven. Después se lima y pule y, a continuación, se realiza el grabado. Finalmente se da el color definitivo mediante calor (en la fragua).