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‘El Reino’, o los peligros de unir la política y la fe

El actor argentino Diego Peretti (centro) interpreta al pastor evangélico Emilio Vázquez Pena. Foto: Netflix

Emilio Vázquez Pena es un pastor evangélico que tiene dos cualidades que cualquier político con aspiraciones envidiaría: carisma y don de la palabra.

También tiene una familia en apariencia envidiable, con la que comparte una serie de valores y un puñado de secretos. Pero sobre todo, cuenta con miles de personas que escuchan con atención cada una de sus palabras; y que, al igual que él, están convencidas de que es el ‘elegido’ para gobernar su país, Argentina.

Vázquez Pena es uno de los protagonistas de ‘El Reino’, una serie de ficción escrita por Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro, que nuevamente ha abierto el debate sobre la creciente influencia y poder de las iglesias evangélicas en la vida política de los países latinoamericanos.

La trama de este thriller dramático gira alrededor de la candidatura de Vázquez Pena, interpretado por Diego Peretti, a la Vicepresidencia de Argentina, y de la vida de Julio Clamens (Chino Darín), un joven abogado con un pasado turbio, que se convierte en su mano derecha. La vida de estos dos personajes da un giro de ciento ochenta grados cuando el candidato a la Presidencia es asesinado a sangre fría durante la campaña electoral.

A partir de este hecho, los guionistas incorporan una serie de historias paralelas y de personajes que van develando lo que pasa cuando la religión, cualquiera que esta sea, se convierte en un arma de poder; el mundo de la corrupción material, pero también de la espiritual; y el precio que tiene la ambición política y los fanatismos de cualquier tipo.

En este contexto, no es fortuito que la serie comience con esta frase de Antonio Gramsci: “El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos”. De entrada, lo monstruoso está en lo visible para todos: el asesinato del candidato presidencial, pero a medida que avanza la trama es fácil darse cuenta que lo monstruoso se oculta detrás de lo que no se dice, en lo que se dice a medias, o en lo que se esconde detrás de un sinnúmero de puertas de casas, hogares de acogida, de templos y de oficinas gubernamentales en las que se deciden los destinos de un país.

En ‘El Reino’, lo monstruoso se hace carne en la vida de decenas de niños que malviven en las villas; uno de esos chicos es el ‘Pescado’, un personaje acompañado de un halo milagroso y redentor, que se convierte en el portador del elemento sobrenatural de esta historia. En medio de un mundo plagado de razonamientos que responden a la lógica positivista occidental, su presencia incorpora lo mágico en la vida cotidiana.

En un diálogo con Pedro Gómez, el sociólogo Pablo Alabarces señaló que el ‘Pescado’ también es una figura que recuerda que en la política argentina el redentor nunca llegó del centro, sino de afuera. “Solo hay que recordar que Perón, Menem y Kirchner llegaron desde la periferia”.

La serie también abrió el debate sobre la injerencia de Estados Unidos en la soberanía de los países latinoamericanos. El detonante fue la presencia de Rubén Osorio, interpretado por Joaquín Furriel, un agente de la CIA que durante años se ha dedicado a manejar los hilos de la política argentina. A través de él, el televidente se sumerge en las cloacas de un sistema que a toda costa quiere poner al pastor Vázquez Pena en la Presidencia.

Al respecto, Alabarces recordó que un personaje parecido apareció hace muchos años, en uno de los cuentos de Roberto Fontanarrosa. En ese texto, un argentino en una escala prolongada en un aeropuerto de Miami termina conversando con un estadounidense, al que confiesa que es agente de la CIA y que está encargado de organizar conspiraciones contra Argentina.

Entre los atractivos de la serie, más allá de la trama, también se destaca la actuación de Mercedes Morán, que interpreta a Elena Vázquez Pena, la esposa del pastor Emilio; y la de Nancy Dupláa, que interpreta a la fiscal Roberta Candia, quien investiga el asesinato del candidato presidencial.

En Elena, lo monstruoso se esconde debajo de una esposa y madre devota, que está dispuesta a callar las atrocidades más espantosas con tal de guardar las apariencias de su familia; en Roberta ese monstruo se esconde en un sistema judicial decadente y en un jefe que está dispuesto a ponerle el pie las veces que sean necesarias, con el fin de no perder su parcela de poder.

La historia de Latinoamérica está poblada de ejemplos de lo peligroso que puede resultar para las libertades de las personas mezclar política y religión, así como que aparezcan líderes mesiánicos; hombres o mujeres convencidos de que su arribo al poder responde a un designio divino y que, por lo tanto, ellos son los únicos que pueden cambiar la realidad de una nación. Y es en torno a esta reflexión que gira el valor narrativo de la serie.

Por otro lado, la escritora Claudia Piñeiro, en varias entrevistas, ha dicho que ‘El Reino’ no pretende atacar a ningún tipo de fe sino mostrar cómo la sociedad argentina y latinoamericana están atravesadas por corrupción, violencia y un manejo del poder político habitado por la presencia de lo monstruoso. No el monstruo que nos vendió Hollywood, sino ese que puede vivir en el interior de una casa, una oficina, una iglesia o un templo.

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