Migración: entre la necesidad y la explotación

La compasión -como sentimiento que se expresa desde el contacto y la comprensión del sufrimiento del otro- está en los principios de muchas religiones y de la convivencia humana.

El drama que viven los venezolanos en varios países está de cuerpo entero en el Ecuador. Varias ciudades están atestadas de grupos familiares que piden limosna o empleo.

Para lograr conmover a la gente que pasa y conseguir una moneda como caridad exhiben a sus hijos. Sol, lluvia, frío, inseguridad acechan a miles de seres humanos. ‘Sin niños no nos creen’, fue la respuesta lapidaria de un inmigrante a nuestro trabajo periodístico. Hay, empero, un problema serio. El uso de los niños con el fin de obtener dinero está penado.

Pero más allá de la ley está la realidad. Poco se sabe de las salidas que plantean las autoridades a este drama, cuya potencia ha ido creciendo conforme la magnitud de la crisis política, social y económica ha ido intensificándose en Venezuela.
Ecuador es un país de acogida. Se estima que hay más de 400 000 venezolanos que han llegado desde hace tiempo – más, en el último año -.
Los poderes públicos deben actuar. Los organismos humanitarios internacionales como Acnur, de Naciones Unidas, por ejemplo, deben priorizar tareas. Los estudios y los discursos muchas veces no sirven.

El Ministerio de Inclusión tiene su misión. No se sabe si su capacidad de acogida es suficiente. Acaso podrían albergar a los niños mientras sus padres hallan trabajo o se buscan la vida. El Municipio, en la anterior administración, se ocupó con el Patronato San José de ciertas tareas solidarias con las familias venezolanas. No alcanzan las manos ni el dinero.

Otro aspecto innegable es que muchos venezolanos son explotados inmisericordemente. Les pagan menos de lo que manda la ley, y a la vez desplazan a los ecuatorianos, generando sentimientos de xenofobia.

Muchos extranjeros se ven sometidos a las mafias de trata. La envergadura del problema requiere una solución madura, legal y solidaria. Que no estén más niños en las calles, sea cual fuere su nacionalidad.

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