Martha, abuso y violencia sexual abominables

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Domingo 20 de enero 2019

Si la historia no fuera cierta, parecería una fábula de terror. Pero fue una brutal agresión sexual a una mujer a cargo de sus ‘amigos’. Martha -un nombre protegido que a esta hora es motivo de todas las conversaciones- simplemente fue a celebrar un cumpleaños.

La fiesta terminó en un episodio con características pocas veces vistas, más allá de que las cifras muestren que en 2018 hubo 5 873 denuncias por violación en la Fiscalía, una cifra mayor que las 5 538 del 2017.

Mientras los presuntos victimarios esperan aislados en la cárcel de Latacunga un juicio -que debe ser justo pero con toda la fuerza de la ley-, el debate en la sociedad ganó distintos espacios. Hoy y mañana habrá manifestaciones en tres ciudades, el tema en oficinas y hogares copa la atención y el dolor nubla la vista y el alma con un llanto de impotencia.

Las redes sociales están copadas con mensajes de toda índole. Por supuesto, la mayoría son solidarios con la víctima y condenan la agresión y este tipo de delitos brutales. Otros se limitan a reproducir -y eso ya es reprochable- los detalles filmados en la cámara del teléfono celular por uno de los agresores. Esa reproducción de las imágenes no es sino una suerte de revictimización de Martha y, por ende, una denigración de su integridad moral y sicológica.

Pero hay un grupo tan abominable como el de los agresores y los que los protegen y actúan en un gran escenario de complicidad. Son aquellos que buscan en la propia víctima la culpabilidad del hecho execrable.

Algunos dan lecciones inaceptables de ‘moral’ y opinan que la mujer no debió salir con un grupo de amigos. Querer hallar en ella la causa de este y otros males y verla como un señuelo es un razonamiento tan abominable como aquel secreto y escondido que movió a los ‘amigos’ de Martha a la brutal agresión.

El irrespeto a la integridad y la voluntad ajenas, así como la cosificación, son síntomas de una enfermedad, más peligrosa si quienes la padecen no son conscientes. Denunciar individual y colectivamente estos hechos, y al mismo tiempo educar, es la única vía posible.