La depuración de los partidos minúsculos urge

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Lunes 15 de febrero 2021

Las últimas elecciones generales revelan una enfermedad de fondo del sistema de partidos y movimientos que se expresó en 16 candidatos presidenciales y 20 organizaciones con representación parlamentaria.

El caos reinante debe corregirse lo antes posible, si es preciso enseguida de proclamados los resultados del balotaje que será el 11 de abril. La idea sería llegar a las elecciones edilicias y provinciales con al menos la mitad de fuerzas políticas y que en las presidenciales 2025 tuviésemos una cifra razonable de candidatos.

En las elecciones del domingo 7 alcanzaron una representación importante la alianza del correísmo con Centro Democrático y Fuerza Compromiso Social, Pachakutik, Izquierda Democrática, el partido Social Cristiano y Creo.

Ese número de fuerzas casi pudiera representar el espectro político e ideológico que tiene significación para el electorado ecuatoriano.
Conforme publicó este Diario el viernes, hay 12 listas con mucho menos del 4% y debieran desaparecer.

De los 16 candidatos que se presentaron, en representación de los cinco grupos con mayor volumen de votos y curules parlamentarias están los de Arauz, Lasso, Pérez y Hervas.

Los demás 12 candidatos no llegan siquiera al 2% de votación, salvo Freile que tiene un magro 2,09%.

La reforma debe contener un nuevo esquema diferenciado de partidos que lo distinga de los movimientos. Acaso los movimientos debieran ser provinciales y adscribirse a candidaturas partidarias nacionales.

Los partidos deben tener afiliados comprobados con métodos tecnológicos y suprimir la burla de la presentación de firmas. Se ha comprobado que en muchos casos son falsas o no se corresponden con la votación alcanzada en las urnas.

Asimismo, las elecciones primarias deben serlo de verdad, sustituir los ‘simulacros’ que hoy tenemos con debates internos que respeten la voluntad interna.

Solo así iremos a una elección sin la sombra de la sospecha y sin rechazo ciudadano, como en esta ocasión, en detrimento de la credibilidad.