Bolsonaro ganó; las inquietudes no se despejan

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Lunes 29 de octubre 2018

El candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro se hizo de la Presidencia de Brasil en el balotaje de ayer. Si bien las cifras del candidato izquierdista Fernando Haddad mejoraron en los últimos días, no alcanzaron para la pretensión del Partido de los Trabajadores (PT) de volver al poder.

El controvertido excapitán del Ejército genera una serie de interrogantes sobre cómo será su ejercicio del poder desde el 1 de enero del 2019, pues se ha manifestado abiertamente a favor de métodos en contra de la institucionalidad y su discurso agrede a las minorías.


La elección de este populista posiblemente se explica por el desencanto de la población frente a gobiernos que se han sumido en la corrupción y no han cumplido sus promesas. Pero esa apuesta en busca de algo distinto puede ser un salto al vacío, en términos políticos y democráticos.

Es inevitable pensar en el presidente estadounidense Donald Trump cuando se habla de Bolsonaro. Al igual que aquel, utiliza un discurso centrado en el voluntarismo y en contra del sistema. Con ello logró aglutinar a aquellos electores descontentos con la crisis institucional, la corrupción, la contracción económica y la inseguridad.

Ofrece una limpieza ‘nunca vista’ contra la corrupción y armar a la población para combatir la delincuencia. Es difícil predecir algo distinto a un estado represivo y a una polarización social, que por supuesto no es patrimonio de una ideología sino del populismo en todas sus formas.

Bolsonaro intenta crear una alianza de gobiernos liberales a nivel regional, pero es evidente que hasta ahora sus planteamientos públicos dejan grandes inquietudes sobre sus conceptos sobre la democracia y los derechos. El mero hecho de oponerse a la izquierda populista no alcanza.

El continente ha vivido todo tipo de regímenes a lo largo de su historia y, por regla general, los populismos solo han traído conflictos y un eterno ir y venir del péndulo político en función de un electorado decepcionado.

Como fuera, el pueblo brasileño ha tomado una opción y cabe acompañarlo en su deseo de mejores días.