Textos breves sobre cine. Twitter: @andrescardenasm. Instagram: @andrescardenasmatute
Andrés Cárdenas Matute
Estudió periodismo en Ecuador y Chile. Ha escrito para periódicos y revistas de Ecuador, Colombia y España. Actualmente vive en Italia, en donde realiza estudios de doctorado sobre filosofía del cine.

Honeyland (2019)

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Jueves 09 de julio 2020

Honeyland llegó desde Macedonia hasta los Oscar con una inédita combinación de nominaciones: mejor documental y mejor película de habla no inglesa. Era la primera vez que eso sucedía. En su recorrido había ya cosechado varios premios, por ejemplo, tres en Sundance. Siguiendo un estilo de cinéma vérité, los directores grabaron durante tres años a Hatidze, una mujer de un poco más de cincuenta –con quien ni siquiera compartían idioma–, y al montarla no añadieron explicaciones de ningún narrador. Simplemente la miramos convivir con sus abejas, de quienes toma solamente parte de la miel –“la mitad para ustedes, la mitad para mí”– para así poder cuidar de su anciana madre en las montañas de la península balcánica. No tienen ni electricidad, ni agua, ni compañía alguna aparte de sus pocos animales. La vemos muchas veces en silencio, pensativa, permitiendo al espectador ser envuelto por el hermoso paisaje. Pero también nos envuelve su aparente soledad y su envidiable mansedumbre. ¿Qué es, de verdad, estar solo? ¿Es negativa su incapacidad –o su indiferencia– por hacer frente a esa familia de nómadas que llega a modificar su rutina con su caos e incluso con su abuso? ¿Se puede ser feliz de otra manera que no sea la nuestra? Cuando los directores plantearon a Hatidze la posibilidad de filmarla, le faltó poco para responder que, de hecho, les estaba esperando. A pesar de vivir en un rincón olvidado del mundo, ella sabía que podía ser –que ya era– un personaje principal de doble nominación. A pesar de vivir discretamente, en silencio, cuidando a otra mujer.