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Guayaquil le brindó un fugaz adiós a Álex Quiñónez, tras el asesinato

En diciembre de 2020, Alex Quiñónez terminaba una jornada de entrenamiento en la pista de Los Chasquis, en Quito. Foto: archivo / EL COMERCIO

A solo cuatro cuadras del sitio donde Álex Quiñónez fue asesinado, policías y militares desplegaban un mega­operativo de control. Parte de esas unidades se trasladó la noche del viernes 22 de octubre del 2021 a la Cooperativa Colinas de La Florida, en el noroeste de Guayaquil, tras recibir la alerta de una balacera.

En una de las calles de la manzana 431 hallaron el cuerpo del velocista de 32 años. Junto a él había otro cuerpo, el de Christopher A., un cantante urbano de 24 años a quien las investigaciones apuntan ­como posible blanco del ataque; el deportista sería una víctima colateral.

Ambos conversaban en el portal de una vivienda cuando poco antes de las 21:20 fueron acribillados por hombres que se trasladaban en un auto blanco, “vestidos con prendas reflectivas” aparentando ser policías, como se informó preliminarmente. Las unidades de criminalística reunieron 25 casquillos de bala en el lugar.

El asesinato del atleta genera conmoción y luto, dentro y fuera del país. Ocurrió en medio del estado de excepción decretado por el Gobierno, debido a los elevados índices de inseguridad.

En la casa de una tías en Guayaquil velaron por unas horas el cuerpo de Alex Quiñónez. Luego lo llevarían a Esmeraldas, su tierra natal. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Roberto Ibáñez fue uno de los primeros en expresar su dolor ante la partida del campeón. El presidente de la Federación Deportiva del Guayas recuerda que el atleta continuamente se entrenaba en los gimnasios y en las pistas de la institución.

“Siempre le ofrecimos nuestras instalaciones. Incluso en un momento también le ofrecimos residencia, conociendo que vivía en ese sector, para que pudiera entrenarse con más comodidad. Álex fue un ángel, siempre se destacó por su nobleza”.

Quiñónez vivía a dos cuadras del sitio donde murió. La Cooperativa Colinas de La Florida es parte de Nueva Prosperina, una de las zonas más peligrosas de Guayaquil. El jefe subrogante de este distrito, el mayor Mario Casco, dice que es el segundo hecho violento con muerte en este mes.

Dos amigos se abrazan cuando llegaron al velorio en las calles Sedalana y Carchi, en el sur de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

“Es un circuito con una alta carga delictiva. Por eso, a pocas cuadras estábamos desarrollando operativos, desalojando a la gente, a los libadores, durante la noche. Estábamos con algunas unidades en ese momento”. En lo que va de 2021,
64 muertes violentas se han reportado en Nueva Prosperina.

Parte de su familia se trasladó la noche del 22 de octubre desde el sur de la ciudad al sitio de la escena del crimen, que fue acordonado para el levantamiento del cadáver. Ayer, 23 de octubre, esperaron su ataúd en casa de sus tías, en las calles Sedalana y Carchi, donde prepararon un fugaz adiós.

En el barrio había dolor. En esa calle lo habían visto correr desde pequeño.

Entre la multitud, Raúl Villafuerte aceleraba el paso para llegar donde su amigo. En las manos portaba una pancarta con la foto del sonriente Álex tras llegar a una de las tantas metas. Junto a la imagen plasmó un mensaje: “Vuela alto, campeón”.

“Aquí se crió desde pequeño. Jugábamos pelota o corríamos de una esquina a otra; él siempre ganaba. Conocer que había muerto fue devastador… él siempre fue el mismo, nunca cambió su esencia”, recor­dó Villafuerte.

En el portal, decenas de familiares y amigos se congregaron. Andrea Sotomayor, exsecretaria del Deporte, también llegó y recordó que en 2017 Quiñónez le prometió que volvería al alto rendimiento con fuerza. Y lo cumplió.

“Es un duro momento para el deporte ecuatoriano. Álex era un hombre de mucha resiliencia, luchador, era de aquellos que se caían y se levantaban; es la mejor manera de describirlo. Era muy alegre, verlo bailar, verlo reírse con sus hijos… Es una pérdida muy grande”.

El brillo de una bandera tricolor contrastó con el fúnebre cortinaje que se montó velozmente en esta zona popular del sur guayaquileño para despedirlo. Allí solo estaría tres horas antes de partir a su natal Esmeraldas, al barrio La Guachara donde nació.

La última vez que Wladimir Martínez habló con su primo recuerda que conversaron sobre los controles de dopaje a los que no acudió y que lo dejaron fuera de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. En esa ocasión, Quiñónez ofreció disculpas al país por quedar fuera de la competencia.

“Fue una sanción injusta que le afectó. Quizá si eso no pasaba no hubiera ocurrido esta situación”, lamentó. La familia aún no tiene claros los resultados de las investigaciones. Solo aseguran que el deportista no estuvo en el momento indicado. “Él era una persona que no se metía con nadie ni tenía problemas con nadie”, dice Martínez.

Entre aplausos y lágrimas, el féretro de Quiñónez arribó. Poco después, una de sus tías pidió llorando no abrirlo. Las balas desfiguraron su rostro y prefirieron colocar sobre este aquel lienzo que los amigos del barrio enviaron a imprimir.

La Policía anunció que activó equipos para capturar a los responsables. En el sector, los operativos también aumentaron. Las investigaciones, por ahora, determinan que el acompañante del velocista tenía antecedentes por intimidación y porte de armas.

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