Roque Sevilla: 'Para proteger las laderas del Pichincha se requieren mantenimiento y mano firme'

Roque Sevilla es reconocido por ser un empresario ligado al ámbito turístico. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

El proyecto Laderas del Pichincha se implementó en administraciones municipales anteriores con un único propósito: proteger a la ciudad de posibles deslizamientos, como el ocurrido el pasado 31 de enero.

¿Cuando se ejecutó el plan Laderas del Pichincha?

En la gestión de Jamil Mahuad se consiguió un primer financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de unos USD 25 millones. Luego se agregaron otros USD 25 millones para proteger todas las quebradas. En mi administración se construyó la gran mayoría de las estructuras de captación y las completó Paco Moncayo.

¿En qué consistía básicamente el proyecto?

Primero, en todos los estudios necesarios para retener los flujos que bajaban por allí. Ya tuvimos la experiencia horrible de La Gasca (en 1975) y sobre esa información se construyeron al menos unas 24 estructuras.

¿Qué función debía cumplir esa infraestructura?

Proteger las quebradas con grandes reservorios para retener el lodo, piedras y troncos con una especie de rejas muy fuertes. Luego, ese lodo se podía descargar paulatinamente a través del sistema de alcantarillado. Era un almacenamiento provisional que provocaba el efecto de retención y evitaba un deslave.

¿El trabajo quedó allí?

No, porque este sistema demandaba un mantenimiento continuo. Cada vez que se llenaban de lodo las piscinas, había que limpiarlas.

Y, ¿qué pasó después?

Tengo entendido que todo funcionó extraordinariamente bien, porque esto fue hace más de 20 años. Hasta que se venció el contrato de una empresa que estaba a cargo de eso, convocaron a una licitación y declararon desierto el concurso. Supe que en estos días ya se contrató de nuevo el mantenimiento. No se hizo eso antes y, claro, ahora están apurados tratando de arreglarlo.

¿Se puede decir que el proyecto y ese sistema sí ha servido en todo este tiempo?

Claro. Hubo grandes aguaceros, pero no deslaves. Eso quiere decir que funcionó perfectamente bien. El diseño de ingeniería fue el correcto y el resultado fue el adecuado.

¿Y qué se requiere ahora?

Hay dos cosas. La una es el mantenimiento del sistema, sin duda. Lo segundo es el detenimiento de la ocupación del bosque protector del Pichincha. Eso es absolutamente necesario.

¿Esa tarea qué implicaría?

Eso significa que hay que reubicar a las personas que están en zonas de peligro y tener una actitud de prohibición total y absoluta de nuevas urbanizaciones o concesiones, como esta del cementerio. Aunque se diga que eso no produjo ningún daño porque no está construido. Pero eso es zona de protección.

Y ahora, ¿se puede pensar en ampliar este plan?

Primero hay que recuperarlo. En el año 1985, con presión de una organización que yo dirigía (Fundación Natura), pedimos la declaratoria de bosque protector. Y está declarado así, pero cada vez se ocupa y amplía más y van permitiendo que hayan más construcciones inadecuadas y peligrosas para sus propios habitantes, no se diga para quienes viven en las partes bajas.

¿Qué tipo de riesgos se podrían prevenir con la extensión de este plan?

Tenemos tres muy graves. El primero ya lo vivimos. En segundo lugar están los terremotos y los efectos que eso provoca en edificaciones muy inestables. Y, finalmente, está la erupción volcánica. En mi Alcaldía sucedió eso; fueron 300 000 toneladas de ceniza en cada una de las 23 erupciones del Pichincha, que se depositan en las laderas.

¿En dónde se puede reubicar a esas familias?

Hay que trasladarlos a todos los programas de vivienda vacíos que tiene el Municipio y entregarles a ellos las casas y
no permitir que por temas polí­ticos se autoricen urbanizaciones clandestinas.

¿Qué trabajo o rol deben asumir las autoridades?

Hay que limpiar porque van a seguir las lluvias y luego están la vigilancia, el control y la severidad en los procesos. Los incendios deben evitarse; la cobertura vegetal es la mayor garantía de precipitaciones. En épocas de lluvia, la labor es la limpieza.

¿Se puede pensar en construir diques más altos?

El cambio climático hace que las precipitaciones sean mayores. Y cualquier nueva estructura se debería adaptar a las nuevas condiciones.

Y cuidar de las quebradas.

Que la gente se dé cuenta que son los caminos naturales del agua. Por tanto no se debe botar basura allí ni dañar la cobertura vegetal, para que el sistema ­na­tural funcione.

Hoja de vida

Es economista y tiene un masterado en Administración Pública. También es reconocido por ser un empresario ligado al ámbito turístico y actual fundador de Grupo Futuro. Es ecologista y defensor de la naturaleza. Creó la ahora extinta Fundación Natura y fue nombrado miembro del Directorio del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF-I) Internacional.

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