20 de octubre de 2018 00:00

El turista convive con el tsáchila

El argentino Guillermo Masson experimenta con el achiote. Foto: Cortesía Andrés jaramillo vélez y Wiliam silva.

El argentino Guillermo Masson experimenta con el achiote. Foto: Cortesía Andrés jaramillo vélez y Wiliam silva.

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Redacción Santo Domingo
(F-Contenido Intercultural)

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Cada vez más, los extranjeros que llegan a las comunas tsáchilas tienen más interés de aprender las tradiciones de esta nacionalidad. A través de estas relaciones, incluso, se hacen intercambios de conocimientos.

En el centro cultural Seke Sonachun, ubicado en la comuna Chigüilpe, es posible este intercambio, gracias a que su mentor, Budy Calazacón, logró afianzar lazos de amistad con extranjeros de Argentina, Alemania y Estados Unidos.

En los viajes por intercambios de cultura que realiza en diferentes zonas del país, da a conocer a su centro cultural y las posibilidades de que los extranjeros emprendan en vivencias propias de la etnia.

A ellos se los encuentra realizando desde la poda de la hierba, hasta en las construcciones de cabañas. 

Según Calazacón, esas experiencias son significativas  para los turistas, porque así ellos aprenden a realizar actividades que en sus países de origen son poco posibles porque no están acostumbrados a hacerlo.Esto también lo dice Anouk Lucas, una turista italiana que por estos días permanece en Seke Sonachun.

Ella estuvo ahí por primera vez en el 2016 y entonces supo cómo construir una pequeña choza y encender una fogata al pie de la estructura para apaciguar el frío de la madrugada. 

Para esta universitaria se trata de vivir una experiencia ancestral, fuera de una tradicional estructura de cemento.

Ir al bosque a recolectar la paja toquilla en su estado natural y luego tratarla para que tome forma en el techo de una cabaña tsáchila es una actividad impensable en una metrópoli de su país, dice.

Matthew Hardy, otro extranjero de Johannesburgo, que acompaña a la turista, cuenta que el silencio del bosque genera paz y ayuda a desconectarse del ruido de los autos de la urbe y de la gente.

El día de su llegada a Seke Sonachun fueron recibidos con un ritual de bienvenida que consiste en aplicarse achiote en su cabello y parte del cuerpo. Luego se adentraron al bosque de la zona y lo hicieron con la intención de buscar el mayón, un gusano que se encuentra en la corteza de las plantas de palmas y que los tsáchilas los preparan asados.

Lucas deseaba verlos pronto, pero fue complicado encontrarlos en plantaciones cercanas. Calazacón, que lideraba la travesía, les dijo que el aperitivo empezó a escasear desde la contaminación de su ecosistema.
La llegada de los extranjeros a las comunas tsáchilas también se incentiva desde las agencias de turismo.

Javier Cumbicus, gerente de la agencia Ecoallur Adventure, asegura que en cada oferta que se le presenta a los turistas eligen primero una travesía por las comunas tsáchilas.

Luego optan por las cascadas y los sitios de esparcimiento cultural de Santo Domingo.

El argentino Guillermo Masson había escuchado que en las tradiciones de los pueblos indígenas de Ecuador es muy popular una planta que provoca una experiencia inu­sual. Luego, cuando arribó a Seke Sonachun, supo que se trataba de la ayahuasca, una bebida que los nativos ingieren para sus rituales más íntimos y a través de la cual entran en un estado de alucinación; ellos dicen que pueden conocer pasajes de su vida.

Los extranjeros que ingresan a las siete comunas de la nacionalidad Tsáchila permanecen hasta una semana. Algunos gastos de su estadía los compensan con los oficios del día en los que participan. También enseñan su idioma para comunicarse mejor.

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