25 años de la despenalización de la homosexualidad no alcanzan

Las deudas con los derechos de la población Lgbtiq+ continúan pendientes en Ecuador. Fotos: cortesía

Cupo laboral, acceso a servicios públicos de salud, enfoque de género en el sistema educativo son algunas de las deudas pendientes que Ecuador tiene con la población Lgbtiq+.

Lo recuerdan las organizaciones y activistas que luchan por vivir su orientación sexual, identidad y expresión de género libremente, pero también con dignidad.

El 27 de noviembre de 1997, el Tribunal Constitucional declaró la inconstitucionalidad del primer inciso del artículo 516 del Código Penal de la época. En él se establecía que las relaciones entre personas del mismo sexo eran un delito que se debía pagar con cuatro a ocho años de prisión.

Con eso se puso fin a más de 100 años de criminalización de la homosexualidad. Se consiguió gracias a las demandas de colectivos Lgbtiq+, que se organizaron frente a los abusos policiales.

La falta de derechos de esta población es una preocupación para organizaciones que hoy trabajan, por ejemplo, para aportar en la Asamblea Nacional y garantizar el cupo laboral trans. También gestionan atención gratuita en salud y realizan capacitaciones.

La política pública enfocada en diversidad sexogénero diversa también es una arista de trabajo. Diálogo Diverso, junto al Instituto Nacional Demócrata, por ejemplo, promueven el proyecto Democracia en Diversidad, con el objetivo de fomentar la participación política Lgbtiq+. Esto, a través de capacitaciones en derechos a partidos y movimientos políticos.

Otra gran deuda es con las personas trans que vivieron la penalización, representadas por las históricas Coccinelle, cuyas sobrevivientes conformaron la Fundación Nueva Coccinelle.

Las perseguidas, violadas y torturadas por su identidad de género en los años 80 y 90 demandaron al Estado ecuatoriano en 2019 por los crímenes de lesa humanidad que vivieron, pero no tienen respuesta. Varias ya murieron sin reparación y en condiciones de vida precarias.

‘Tenía en mente que había que luchar’

Kruz Veneno (Pablo Gallegos)

Comenzamos el taller de formación drag queen en 1996. Antes existían los chicos que hacían shows de imitación y cosas así, pero eso nada tiene que ver con el drag.

Kruz Veneno (Pablo Gallegos) es una de las artistas pioneras del arte drag queen en el Ecuador. Foto: cortesía Pablo Gallegos

Un costarricense que vino al Ecuador nos enseñaba todo lo que conllevaba el drag, el histrionismo, la exageración y todo el lado teatral protestatario. Fue la coyuntura perfecta, porque estábamos en la época de penalización. Luego de la despenalización, no nos sentíamos preparados. No salimos como drags sino hasta 1998.

Recuerdo que recibir la noticia de la despenalización fue un fiestón. Lloramos, nos abrazamos, era como haber metido un gol en un partido de fútbol. Pero en los siguientes meses nos quedamos como traumados, por así decirlo. Veíamos a un policía y nos poníamos a la defensiva, porque no habíamos tomado conciencia de que estábamos libres.

Ya luego salimos nosotros a las calles con los personajes drag, pero siempre recibíamos insultos de la gente. Pero por otro lado estaban los aplausos y eso me alentó a decir que aquí estaba y no me importa nada. Aun así, sí tenía miedo de que nos agredieran.

Siempre tenía en mente que había que luchar. Muchas veces vi, ya después de la despenalización, como las gaseaban a amigas trans que caminaban por la calle.

‘No podíamos hablar con nadie’

Francisco Guayasamín

Los hombres gay tardamos en dar la cara en el Ecuador. Quienes estaban al frente eran las personas transgénero, pero lastimosamente la sociedad las llamaba travestis.

Francisco Guayasamín participó en los primeros eventos del Orgullo Gay que hubo en Quito. Foto: cortesía Francisco Guayasamín

En el 97 teníamos mucho miedo de decir soy gay. Si eras de clase media o alta, podías salir del país. Acá no podías conseguir trabajo fácilmente. Y solo tenías dos opciones: o te callabas y te casabas o te volvías religioso.
Nosotros no podíamos hablar absolutamente con nadie sobre el tema. Creíamos que éramos el único en esta situación, porque había miedo a represalias. La palabra gay casi ni se escuchaba.

Nos decían homosexuales y eso era peyorativo. Eras un enfermo, un depravado, un pecador. Yo fui testigo de amigos que se suicidaron por esto; era un sentimiento de que si mi familia se entera, prefiero estar muerto. A mí me botaron de la casa por ser gay, me robaron, me dejaron en la calle.

En ese entonces me uní a una fundación y organizamos un Orgullo Gay. Éramos 12 personas y era chistoso que la mayoría de gente ni siquiera conocía qué era la bandera gay.

Hacer todo esto fue arriesgarme a perder todo contacto con mi familia, a perder un montón de cosas. Pero también fue algo que me hizo ganar mi dignidad.

‘Se necesita despenalización social’

Sandra Álvarez

En de la población Lgbtiq+, las lesbianas somos de las más estereotipadas. En el imaginario social hemos renunciado a la maternidad y somos competencia de los hombres.

Sandra Álvarez, de 55 años, es la directora de la Organización Ecuatoriana de Mujeres Lesbianas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Cuando tenía 15 años fui expulsada del colegio religioso en el que estudiaba. Dijeron que para precautelar la integridad de mis compañeros. Luego, en el año 95, con mi pareja fuimos víctimas de una agresión por parte de la familia de ella, con una gravedad tal que tuvo que ser operada.

Abogados nos aconsejaron que no sigamos un proceso judicial, porque se iba a conocer que éramos pareja y podíamos tener uno en nuestra contra.

Para ir a una discoteca, yo llegaba con un amigo y mi pareja con otro amigo. Una vez que estábamos adentro con nuestras verdaderas parejas, cuando se prendía una luz que todos conocíamos, cambiábamos de manera que la Policía entraba y veía una discoteca heterosexual.

Tener que vivir una doble vida es difícil. La libertad que tenían las parejas heterosexuales para desarrollar sus sentimientos era como una añoranza de quienes no éramos y no somos hétero.

Hoy, como prioridad, lo que necesitamos es la despenalización social de la homosexualidad. Eso implica acceder a derechos a los que todavía no podemos.

‘Parece que los 25 años no pasaron’

Nebraska Montenegro

Pareciera que no han pasado 25 años desde cuando comenzamos la lucha por la despenalización, porque tenemos la misma discriminación y homofobia. Todavía estamos marginadas. No tenemos completamente nuestros derechos porque, igual, son vulnerados.

Nebraska Montenegro es una trans de 67 años y es la presidenta de la Fundación Nueva Coccinelle. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

No tenemos por lo que hemos luchado: un espacio laboral, una educación digna y una vivienda. Pensábamos que ya habíamos ganado mucho con la despenalización, pero creo que en vez de adelantar vamos retrocediendo, porque estamos casi igual.

En los años 90 vivimos una ‘pandemia’, por eso nos llamamos las sobrevivientes. No podíamos ir a un restaurante, a una discoteca, a un bar. Mucho menos a un hospital, porque decían que estaban poniendo una inyección letal a todos los homosexuales.

Nadie quería ir a un hospital. Nos llevaban al SIC, que era en la Montúfar, nos torturaban con electricidad, nos ponían gas. Cuando nos detenían, en la cárcel no éramos personas sino animales, porque así nos trataban.

En el día teníamos que vestirnos ‘normal’, porque si andábamos como travestis en la calle nos detenían. Hoy tenemos una ‘libertad’, entre comillas, pero aún hace falta entender lo que dice la compañera Nua Fuentes: “cuerpos distintos, derechos iguales”.

La penalización de la homosexualidad en el siglo XIX

En 1871, el Código Penal introdujo la penalización de la homosexualidad bajo la figura de la sodomía. Las personas podían ser condenadas desde cuatro hasta 12 años, dependiendo de las circunstancias, o si estaba involucrado un menor de edad. La legislación era tan severa, que si un padre de familia era sentenciado este podía perder los derechos sobre sus hijos.

La legislación a lo largo de la primera mitad del siglo XX 

En el Código Penal de 1906 se mantuvo la figura de la sodomía como objeto a ser juzgado. La reclusión podía extenderse hasta los 12 años, dependiendo del caso. Para 1936, el término sodomía fue reemplazado por homosexual en la Legislación ecuatoriana en el Código Penal, bajo el artículo 491, que posteriormente se convirtió en el artículo 516.

Los hechos violentos en Cuenca en 1997  

El 14 de junio de 1997, en el bar cuencano Abanicos se realizó una redada por parte de la Policía Nacional. Las personas que fueron detenidas esa noche denunciaron posteriormente torturas, abusos y violaciones por parte de los oficiales y reos, lo cual llevó a manifestaciones lideradas por miembros de la comunidad trans y organizaciones civiles.

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