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La paternidad por partida múltiple eleva el sacrificio

Segundo Tingo acompaña a su esposa Marcia en el cuidado de sus trillizos: José Alberto, Ámbar y Samara. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Su voz trata de encubrir el cansancio multiplicado por cinco. Y es que la rutina no ha sido ni será la misma tras la llegada de sus pequeños hace poco más de una semana.

Cuando Víctor Campoverde habla de sus quintillizos y de su lucha por superar la prematurez dentro de esas herméticas incubadoras, el tono de duda se disipa y se eleva un timbre de esperanza, de alegría.

“La familia está ansiosa por conocerlos. Este Día del Padre lo pasaré aquí, en el hospital, pendiente de ellos hasta que podamos estar juntos”.

Desde el 9 de junio, cuando nacieron los bebés, Víctor ve pasar el tiempo en el pasillo que conduce a la unidad de cuidados intensivos neonatales en el pediátrico Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Llega a las 07:00 junto a su esposa Marcy Salazar y aguarda en el corredor mientras ella alimenta cada tres horas a Mateo Ezequiel, Víctor Javier, Maylett Isabella, Marilyn Scarlett y Thiago Eduardo.

Allí permanece hasta que cae la madrugada. Solo entonces regresan por pocas horas a casa, donde ya casi no hay espacio por las donaciones. Los rincones están copados por columnas de paquetes de pañales, juguetes sonoros, coloridas pañaleras y cochecitos.

Oír que mejoran, que sus pulmones van madurando, que se acurrucan en el pecho de Marcy aliviana la ansiedad de este padre de 31 años y que labora en el área de mantenimiento de los equipos de la empresa de recolección de desechos de la ciudad.

“Son unos guerreros, están batallando por su vida”, dice con fe este padre, que por ahora solo ha visto a sus hijos salir de los quirófanos del Hospital Alfredo Paulson, donde nacieron a las 32 semanas.

Segundo Tingo ha experimentado esa incertidumbre. Sus trillizos se adelantaron y llegaron el 25 de marzo, seis semanas antes de lo previsto. José Alberto, Ámbar y Samara estuvieron 15 días en la sala de terapia intensiva del pediátrico Francisco de Icaza.

Durante la hospitalización no les faltó nada, pero una vez en casa el esfuerzo de la familia se triplicó. “Había días que no podía trabajar por el cansancio. Si uno lloraba todos lloraban y tenía que ayudar a mi esposa en la madrugada”.

Ahora Marcia Macas y sus otras dos niñas se encargan de los cuidados, mientras Segundo busca el sustento diario en las calles. El trabajo ambulante es tan inestable que desde que nacieron sus bebés ha vendido botellas de agua, diarios y artículos novedosos para completar, al menos, los USD 17 diarios para las fórmulas.

Los trillizos de Silvano Estacio (ex futbolista de Emelec) y Dennisse Ochoa nacieron el último 17 de febrero. Foto: Cortesía

“No hago más que trabajar, aunque a veces no hay ganancias. Ese es mi sacrificio diario hasta llegar a casa y verlos bien, con salud gracias a Dios”.

Velar por la salud de los bebés en un desafío aún mayor en tiempos de covid-19. Las gemelas de Joe Merchán y Laura Tomalá nacieron el 14 de abril del 2020, en la aterradora ola de contagios en Guayaquil.

Buscar que Sara y Sofía lleguen en un lugar seguro fue una desesperante odisea que ahora recuerdan como anécdota. Joe, de 22 años, recorrió tantos hospitales que al final, junto a su esposa, elevó una oración. Y poco después sus bebés fueron las primeras en recibir atención gratuita dentro de un programa municipal que nació por la pandemia.

Las pequeñas ya cumplieron 1 año. Y Joe dedica 10 horas diarias al trabajo por ellas.

En cambio Silvano Estacio sigue luchando desde la cancha por sus trillizos. El exjugador del Club Sport Emelec ahora se perfila como director técnico y está a cargo de las jugadas estratégicas en el hogar, que creció con la llegada de Freddy, Kaleth y Silvano.

El embarazo fue de aquellos que se da entre un millón. Compartieron la misma placenta, así que son exactamente iguales. Por eso para Dennisse Ochoa son sus trigemelos, que ya cumplieron cuatro meses.

“Antes de que nacieran estuve internada un mes y medio, porque era un caso de alto riesgo. En ese tiempo mi esposo se quedó con nuestras niñas de 6 y 3 años. Él se encargaba del desayuno, de orar con ellas por las noches, de acostarlas”.

Y cuando sus hermanitos llegaron a casa papá tuvo que adaptarse al plan canguro. El apego piel con piel, esencial para la evolución de los prematuros, se extendió hasta las madrugadas durante dos meses.

Para Jorge Fiallos, la llegada de sus nietas María de los Ángeles y Lucía ha significado volver a la práctica de los arrullos y los paseos en brazos. La vida de estas gemelas es un milagro y su abuelo ha sido un soporte vital para su mejoría.

Nacieron el 7 de febrero, a las 26 semanas, en medio de un segundo brote de contagios. “Me dijeron que no pasarían de las 20 horas y desde entonces cada día es una sorpresa”, cuenta con esperanza María Fiallos, madre de las bebés.

Ella reconoce el amor y la responsabilidad de José, el padre de las pequeñas. Pero destaca la paciencia y el cuidado directo de su papá durante las madrugadas y a la hora que las gemelas lo requieran. Por eso él celebrará hoy al doble su día.

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Posted by El Comercio on Friday, June 18, 2021