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Cristina Córdova: ‘Regresar a lo presencial no es una opción para mi familia’

Cristina Córdova (con peluca) junto a Paula, su hija mayor; Daniel (sentado), el menor, y su esposo Paúl. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

‘Nuestra vida se volcó a las actividades telemáticas en todos los ámbitos, por la pandemia. Y nos hemos adaptado perfectamente, al punto que no vemos la necesidad de volver a la antigua normalidad; la situación sanitaria no está para eso.

Otra razón es la comodidad. Esta forma de vida nos ha permitido hacer cosas en familia que no probamos antes, por nuestras distintas ocupaciones. Nos perdíamos de compartir, de organizarnos y ser un equipo.

Ahora, alrededor de las 06:30 salimos a caminar. Regresamos y hacemos el desayuno juntos, arreglamos las estaciones de trabajo y a las 09:00 los chicos empiezan las clases virtuales y nosotros, nuestras labores. Somos programadores y eso nos da la oportunidad de permanecer en casa.

Tenemos un negocio y clientes propios, yo siempre he teletrabajado en casa. Más bien incorporé a toda mi familia en la rutina.

Mis niños se conectan a la escuela tres horas al día. En la tarde reciben clases virtuales de guitarra; y los martes y jueves tienen un curso para reforzar inglés. Por su cuenta, ellos buscan herramientas para aprender. Lo maravilloso de esta experiencia es ver cómo han evolucionado en el uso de tecnologías.

En su tiempo libre, mi hijo juega en línea con los niños de su escuela, y con algunos de otros países. Pelean, se ríen, se divierten.

Mi hija y sus compañeras también hace reuniones virtuales, ven películas, conversan, todo desde su teléfono. El haber afianzado nuestros lazos como familia también nos permite estar más al pendiente de ellos y cuidarlos de los peligros que pueden existir en línea.

Con mi hijo menor he conversado sobre la vuelta a clases presenciales y no quiere regresar. La mayor extraña a sus amigos, pero en lo académico se ha adaptado muy bien a la virtualidad, ha logrado una independencia impresionante.

Los fines de semana salimos a lugares seguros. Hemos conocido sitios de los que no teníamos idea alrededor de Quito y hemos caminado por horas, a manera de reto.

A reuniones familiares acudimos solo cuando son al aire libre; caso contrario, no vamos. Hemos ideado la forma de encontrarnos virtualmente y de hacerlo divertido. Por ejemplo, creamos juegos para hablar en inglés y mejorarlo. También festejamos los cumpleaños y días especiales, como el del padre y la madre.

En mi familia somos los organizadores de encuentros, ya que conocemos herramientas en línea para jugar y aprender. Antes de una reunión mandamos diapositivas por WhatsApp a todos, para que lean y sepan lo que se hará. Hicimos un grupo privado de Facebook, por donde enviamos datos con dibujos o tarjetas.

En los retos, por ejemplo, cada familia usa disfraces creados con materiales reciclados. Los niños intervienen, hablando de animales o personajes, usamos la tecnología de forma creativa para que participen. Incluso nos hemos acercado más a nuestra familia que está en el exterior.

En el trabajo, la virtualidad tampoco ha sido un límite. Al contrario, nos mantenemos en contacto con nuestros clientes, les atendemos en un horario determinado por WhatsApp o Telegram y hacemos reuniones por Google Meets.

Los cronogramas y planificaciones están organizados en calendarios virtuales, con herramientas gratuitas de Google. Y los documentos que debemos revisar o corregir en conjunto, los compartimos para que todos podamos interactuar en ellos.

Para todo esto, la planificación y la comunicación han sido importantes. Hacemos reuniones familiares cada cierto tiempo, para ver qué está pasando y cómo podemos mejorar, porque los adultos tenemos una percepción de las cosas y los niños, otra.

Esto nos ayuda a escuchar a los otros. Hemos generado pautas: tenemos una forma de decir las cosas, buscando no ofender a nadie sino expresar el sentimiento de lo que nos pasa. Cada uno tiene su turno y luego hacemos un acta con lo dicho. Al final, hacemos acuerdos para que ­todo funcione mejor.

En familia vemos películas o series que nos den información y conversamos de actividades que quisiéramos hacer el fin de semana. Practicamos yoga. No somos expertos ni hemos contratado a alguien, solo usamos YouTube. Eso nos ha ayudado a dormir mejor, a bajar el estrés.

Pensamos en cambiar algunos puntos, pero no en volver 100% a lo presencial. Por ejemplo, es importante que los chicos convivan con otros de su edad, con todas las medidas necesarias. Por eso, en ocasiones planificamos reuniones con algún amigo, que sabemos que tiene todos los cuidados porque conocemos a su familia, para que se visiten en las viviendas. Practicar un deporte y tener una actividad al aire libre es bueno para ellos y por eso también procuramos encuentros así.

Creemos que en el país no se podrá hablar de una normalidad en años, porque en el mejor de los casos los adultos estaremos vacunados en agosto, pero las dos dosis no nos van a durar toda la vida y probablemente meses después volverán a reportar sobre nuevos casos de covid-19”.

¿Quién es?

Esta mujer tiene 37 años. Es ingeniera en Sistemas y madre de familia de dos chicos en edad escolar: Paula, de 14 años, y Daniel, de 11. Ella tiene un negocio propio, en el que se ­desem­peña como programadora web y móvil, al igual que su esposo, Paúl Jácome. Actualmente lleva la educación de sus hijos, el trabajo y la vida familiar de manera telemática y no ve como una opción el volver a la antigua normalidad.

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