Negocios comunitarios llenan las vitrinas

Las socias de Warmi Wasi aprendieron a elaborar prendas de vestir y adornos. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

Las socias de Warmi Wasi aprendieron a elaborar prendas de vestir y adornos. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

Las socias de Warmi Wasi aprendieron a elaborar prendas de vestir y adornos. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

Nuevos negocios se sumaron al menú de emprendimientos comunitarios que respalda el Gobierno Provincial de Chimborazo.

Prendas de vestir, harinas de cereales, un yogur de mashua y agricultores que ofertan sus cosechas con valor agregado son algunos de los nuevos expositores en los mercados artesanales de Riobamba.

Las ferias, que se realizan a fin de mes en el Parque Guayaquil y cada viernes en los exteriores del Gobierno Provincial, cada vez tienen más acogida. En el 2013, cuando surgió la iniciativa, eran 14 emprendedores y hoy son 72 negocios asociativos de los 10 cantones de la provincia.

Este año se celebrará el noveno aniversario de ese espacio, que surgió para ofrecer una vitrina para comercializar los productos de los emprendedores comunitarios. Ellos también reciben asesoría técnica, capacitación frecuente y equipos para fortalecer sus microempresas.

“En Chimborazo se producen materias primas con alta calidad, pero hacía falta sumar valor agregado para mejorar los ingresos de la gente, porque antes el dinero se lo llevaba el intermediario”, explicó Beliza Álvarez, directora de la unidad de emprendimientos.

Para ella, una clave en el desarrollo de las comunidades es la asociatividad. “Estar organizados les permite crecer juntos y beneficiarse de proyectos que se entregan únicamente a las asociaciones”.

La organización de mujeres Mushuk Kawsay es uno de los nuevos grupos. Las 18 socias de ese grupo manufacturan yogur con un sabor muy original, hecho a base de mashua.

Cuando ese tubérculo andino se cocina y se sazona tiene un sabor similar al del durazno, pero más intenso. Hasta hace unos años, la mashua estaba desapareciendo porque era un producto que, a pesar de sus cualidades curativas, tenía poco valor en el mercado.

Hoy las socias retomaron la siembra y convirtieron las mashuas en un yogur apetecido en tres provincias del país.

“Es un emprendimiento con identidad y estamos orgullosas de lo que hemos logrado. Empezamos vendiendo los viernes en la feria artesanal, pero luego obtuvimos más pedidos”, cuenta María Cutiupala, presidenta de la asociación.

La elaboración de textiles también es un nuevo negocio. Agrupaciones de mujeres de cinco comunidades se capacitaron para fabricar cobertores, cobijas térmicas, pijamas y adornos para el hogar hechos a base de telas.

Las mujeres de la asociación Warmi Wasi, de la comunidad Tunsalao en San Andrés, se preparan para incorporarse a la feria artesanal desde este mes. Ellas recibieron máquinas de coser y una capacitación intensiva para aprender a manufacturar las prendas.

“Un requisito para ingresar a la feria es alcanzar la calidad óptima del producto y eso nos ha costado mucho esfuerzo. Nuestra meta es aportar a nuestros hogares y tener dinero propio. Antes dependíamos de nuestros esposos”, cuenta Delia Ganán, una de las socias.

Los agricultores de 11 comunidades también forman parte de las ferias. Ellos producen vegetales y frutas orgánicas que venden limpios, cortados, sin cáscaras, empacados al vacío y listos para el consumo.

En otras comunidades también les dan valor agregado. En Guamote, por ejemplo, los granos que cosechan las 23 mujeres de la Asociación se convierten en harinas con altos valores nutricionales.

“Hemos ganado mucho desde que nos organizamos. Incluso participamos en ferias fuera de la provincia”, cuenta Ana María Mayancha.

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