15 de noviembre de 2020 00:00

Las mentiras de la historia

El libro ha sido editado por la Universidad Andina Simón Bolívar y la Corporación Editora Nacional. Foto: EL COMERCIO

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Ramiro Ávila Paredes*  
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Se repite que “la Historia es la mentira encuadernada” porque muchas veces, en las clases del sistema educativo, en los medios y hasta en los discursos patrióticos, se dan versiones falsas del pasado como si fueran verdad. De esa forma se convierten en prejuicios colectivos muy arraigados. Frente a ello, hay historiadores que asumen la tarea de desmontar esas tramas y ver el pasado desde una perspectiva crítica.

Enrique Ayala Mora, historiador ecuatoriano con una larga carrera profesional, asumió esa tarea en el libro ‘Mentiras, medias verdades y polémicas de la historia’. El autor parte, precisamente, de la constatación de la realidad.

“Es, por ejemplo, toda una proeza convencer a los crédulos, que los españoles no conquistaron con facilidad a los pueblos indígenas de América porque eran una ‘raza superior’, armada de cañones y caballos. Tarea casi siempre destinada al fracaso es demostrar que Abdón Calderón no ‘murió gloriosamente en el Pichincha’, aunque sí fue un héroe, o que García Moreno no fue asesinado por un marido celoso, como uno de sus enemigos afirmó sin ningún fundamento, aunque sus ten­dencias dictatoriales alentaron el ‘tiranicidio”.

En realidad, como Ayala lo establece, la conquista fue un complejo proceso sobre el que hay respuestas esclarecedoras, Abdón Calderón
fue un héroe a pesar de las narraciones ridículas, Gabriel García Moreno fue víctima de un crimen político.

Mentiras y polémicas

En su esfuerzo por “poner un poco de luz en los claroscuros de nuestra historia ecuatoriana”, Enrique Ayala incluye en su libro una primera parte con “verdades y preguntas sospechosas”. Allí aparece la realidad del mítico Reino de Quito, la muerte de Atahualpa, la conquista española y los mitos de la Independencia. Allí se revelan rasgos fundamentales de personajes como Juan José Flores, Otamendi, Urbina o García Moreno. Se dilucidan cuestiones polémicas, como la masacre del 15 de noviembre de 1922, las acciones de héroes y traidores de nuestra historia, los reales contenidos del bolivarianismo de los caudillos de último cuño.

La segunda parte, ‘Polémicas sobre hechos y personajes’, incluye textos sobre tergiversaciones de personajes como Eugenio Espejo, Simón Bolívar, Manuela Sáenz o Abdón Calderón. Pone vis a vis la acción de gobernantes como el dictador progresista Alberto Enríquez Gallo y el traidor Arroyo del Río. Destaca polémicas como las que se dieron por la concurrencia del país a una exposición en París, o por el asesinato de Alfaro, en el que participaron no solo curas y conservadores sino también ‘hermanos’ liberales y masones del Viejo Luchador. La obra enfrenta además interrogantes, como las que se dieron por el fin del siglo.

Una tercera parte, ‘Propuestas y comentarios poco prudentes’, desarrolla diversos temas, como la acción de las mujeres en la Independencia; quiénes fueron los verdaderos fundadores del Ecuador; el papel del ferrocarril en la integración nacional; qué les sucedió a quienes quisieron eternizarse en el poder y hasta una revisión del libro ‘El Ecuador en paños menores’, una obra maestra de la historia humorística, del autor Eduardo Cevallos García.

La corrupción

Las mentiras y medias verdades, según el autor, han sido compañeras de la corrupción en toda nuestra vida nacional. Por ello dedica varios artículos al tema, comenzando por “las uñas largas” del fundador Flores, la ‘dictadura del robo’ del ‘Mudo’ Veintemilla, la venta de la bandera, la hoguera bárbara, los abusos de la plutocracia, los promotores del velasquismo, los abusos y crímenes del arroyismo, las rebuscas de las obras públicas, la compra de la chatarra, las irregularidades de los triunviros, las muñecas de trapo, los gastos reservados, la presencia oscura del “hombre del maletín”, el pago a Ran Gazit, las utilidades de la fuerza de los pobres, los manejos de la Revolución Ciudadana y la maquinaria montada por el correísmo para institucionalizar la corrupción desde las más altas esferas.

Vale la pena citar al autor cuando se refiere a esa afirmación muy divulgada: “Siempre ha habido corrupción y siempre habrá”. Es una verdad, dice, pero a medias, sin embargo, “jamás puede ser un argumento para justificar la corrupción. Primero, porque una cosa es que se dé un caso aislado y otra que el propio régimen organice el robo y el encubrimiento como sistema. Segundo porque constatar un hecho, como la existencia de una enfermedad, por ejemplo, no quiere decir que se la acepte como normal, mucho menos que se deje de combatirla sistemáticamente. Tercero y principal, porque a lo largo de la historia de los pueblos, la corrupción ha sido enfrentada y vencida”. Concluye afirmando: “Siempre ha habido gente honrada y siempre habrá”.

Con base documental


El título del libro es provocativo, como también lo es la ilustración de la carátula, que reproduce una caricatura política de hace más de cien años. Pero ni el nombre ni la presentación de la obra son un gancho publicitario. El autor aclara que, “luego de examinar algunas alternativas, opté por un título que describe su contenido, como un acto de lealtad con los lectores, aunque a algunos les fastidie o les resulte escandaloso.”

En efecto, Enrique Ayala Mora, quien ha sido tan firme como polémico en su vida profesional y política, no oculta una realidad de su nuevo libro. Dice: “Como lo he advertido desde el principio, estos textos son polémicos y en algunos casos agresivos. Pero todos están basados en hechos, documentos y pruebas. En cuanto a su tono, a veces caldeado, solo puedo advertir que los historiadores tenemos, por lo general, una actitud profesional y sobria sobre aquello que tratamos, pero a veces escribimos con pasión las verdades que descubrimos. Eso es parte del compromiso de nuestro oficio. ¿No hicieron eso, en su momento, solo para citar unos pocos ejemplos, Federico González Suárez, Roberto Andrade o Leopoldo Benítez Vinueza?”

El libro enfrenta lo que en ocasiones se considera el “patio trasero de la historia”, con sus verdades a medias, a veces satisfactorias y otras amargas.
*Archivista, docente, miembro de la Academia Nacional de Historia.

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