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La recuperación de la condición física y anímica es primordial

En el confinamiento, las personas de la tercera edad han experimentado irritabilidad, ansiedad, insomnio y otros síntomas. Foto: Freepik

Guillermo Endara, de 72 años, cuenta los días para que se termine la pandemia. Quiere retomar sus caminatas al aire libre. Antes de la emergencia sanitaria recorría hasta 12 km al día. Ahora se limita a caminar dentro de casa.

Siente que ha subido de peso y que ha perdido resistencia física. Sin embargo, sube y baja gradas para ahuyentar al sobrepeso y despejar la mente. Le cuesta descansar -dice- cuando olvida activarse. 

Moverse es precisamente el consejo de Germán Guala -geriatra y docente de la Universidad Tecnológica UTE- para recuperar el estado físico y emocional de las personas de la tercera edad.

La práctica de cualquier ejercicio -apunta- libera endorfinas, conocidas como ‘las hormonas de la felicidad’.  

Este grupo fue uno de los más afectados por la pandemia provocada por el covid-19.  El virus terminó con sus clases presenciales de bailoterapia y con las caminatas al aire libre. También con las reuniones sociales; muchos permanecen confinados desde mediados de marzo del 2020.

De acuerdo con los expertos, esos hombres y mujeres forman parte de los grupos más vulnerables ante el nuevo coronavirus. Y por ello, aunque tengan su vacuna, la recomendación es que permanezcan dentro de casa para reducir el riesgo de contagio.

En estos 15 meses -dice el especialista- los adultos mayores ‘sanos’ han registrado aumento de peso y también cuadros de ansiedad. El impacto ha sido mayor en gente con problemas neurodegenerativos. Muchos dejaron de asistir a centros del día, donde realizaban varias actividades para mantener óptimas sus capacidades físicas y cognitivas (atención, percepción, memoria). 

Para revertir el aumento de peso y las crisis de estrés es importante retomar hábitos.

Además de subir y bajar gradas, la instructora de deportes Nathalia Chamorro, experta en trabajos con personas de la tercera edad, sugiere realizar ejercicios funcionales y sumarse a las clases de baile virtuales, por ejemplo.

Aclara que todas las personas, incluso quienes están en sillas de ruedas, pueden salir del sedentarismo. Sentados pueden ejercitar los músculos del tren superior.

Sugiere empezar con 10 minutos de actividad al día, pues tras los 15 meses de paralización lo más recomendable es una activación paulatina.

Con el trabajo progresivo se evitan lesiones y, con el paso del tiempo, se recuperarán la fuerza y la masa muscular. Tener una musculatura fuerte es vital para proteger y prevenir la estabilidad articular.

El estado de ánimo también mejora, pues según un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, en colaboración con otras universidades, la ­inactividad en las personas mayores se relaciona estrechamente con dependencia, la de­presión y el aumento de enfermedades crónicas.

Guala menciona que se trata de una cadena: el encierro provoca cambios en el comportamiento (se vuelve muy variable) y esta alteración puede tener consecuencias a futuro, como la ansiedad y depresión.

Esas afecciones mentales, en cambio, aumentan el riesgo de deterioros cognitivos. Estos, a la larga, acarrean enfermedades como el alzhéimer.

Cuando las personas están activas se preocupan por mantener una dieta equilibrada y nutritiva. Actualmente, apuntan los especialistas, el plan de alimentación está descuidado y eso también contribuye al aumento de peso y ­posteriormente al deterioro de las articulaciones.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los adultos mayores necesitan realizar 150 minutos semanales de actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. 

El geriatra Guala también sugiere retomar los encuentros familiares vía Zoom y actividades que contribuyan a mejorar su estado de ánimo. Los juegos de mesa son una gran alternativa y, cuando sea posible, recomiendan propiciar el contacto con la naturaleza. “Salgamos a sitios cercanos y apartados, pero siempre manteniendo todas las ­medidas de bioseguridad”, aconseja Chamorro.