19 de mayo de 2018 00:00

La gastronomía ancestral atrae en Santo Domingo

En la provincia tsáchila se encuentra una diversidad de platos de la Sierra, Costa y las nacionalidades y pueblos indígenas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

En la provincia tsáchila se encuentra una diversidad de platos de la Sierra, Costa y las nacionalidades y pueblos indígenas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

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La diversidad gastronómica de Santo Domingo de los Tsáchilas es uno de los pilares turísticos de esa provincia.

Según el Plan de Desarrollo turístico cantonal, la gastronomía se ubica en el tercer lugar luego de la cultura tsáchila y los deportes extremos.

Marianella Sánchez, directora Municipal de Turismo en Santo Domingo, señaló que la diversidad de platillos típicos se debe a que esta zona fue colonizada por personas de diferentes provincias y etnias.

En esta provincia hay platos típicos de la Sierra y de la Costa, especialmente. Incluso, la diversidad gastronómica se encuentra en las viviendas. Es usual que una familia santodomingueña almuerce un sancocho de pescado y de plato fuerte un llapingacho.

Esa cultura gastronómica también se ha trasladado a los restaurantes. Unos diversifican su comida, mientras otros se han especializado en la comida que los identifica culturalmente.

Frixon Angulo es esmeraldeño, pero llegó a Santo Domingo en busca de oportunidades. Él decidió instalar un restaurante que resaltara la identidad afroesmeraldeña.

Ese lugar fue decorado con elementos típicos como la catanga, tambores y marimbas.

En el menú que ofrece a sus clientes solo hay platillos elaborados con mariscos, como el cangrejo azul, pescados, camarones, entre otros.

El local está ubicado en la avenida Abraham Calazacón, cerca de la terminal terrestre de la ciudad tsáchila. En esa misma vía, pero a dos kilómetros de distancia, la oferta de platos de los locales de comida cambia totalmente. En ese sector se vende hornado, llapingacho, papas con cuero y otras delicias serranas.

Solo en ese sector hay más de cinco locales, con sazón riobambeña. La mayoría ha participado en concursos del mejor hornado del país.

Mayra Sánchez, de la Hueca del Hornado, señaló que a diario se venden 100 platos. Pero los fines de semana y feriados, esa venta se triplica. “Los turistas ya nos han identificado, nos siguen en las redes sociales y nos avisan que van a venir”.

En la vía Quevedo, en cambio, hay 13 locales de fritada. Estas fueron instaladas por familias provenientes de Guaranda (Bolívar). “Nos instalamos hace 16 años. Ahora ya tenemos locales propios y más de 600 clientes fijos”, afirmó Marcia Espinosa, propietaria de Fritadas Guadalupe.

En esa misma vía, pero en el kilómetro 7, se encuentra la comuna tsáchila Chigüilpe. En los nueve centros culturales se ofertan platos típicos como el ayampaco de pescado, palmito, gallina o los pinchos de mayón (un gusano que se produce en la palma).

Miriam Calazacón, guía turística del centro cultural Mushily, afirmó que también se ofrecen frutas tropicales, que son cultivadas en sus parcelas.

En las vías a El Carmen y Quinindé predomina la comida manabita, de origen montuvio. En esas carreteras se encuentran paradores y restaurantes que preparan desde bolones y tigrillos hasta tongas y caldos de gallina criolla.
El parador D’ Gracia, ubicado en el km 8 de la vía a Quinindé, se especializó en el caldo y seco de gallina, elaborado en hornos de leña. Ahí se venden más de 150 platos los fines de semana y feriados.

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