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Las familias afroesmeraldeñas reviven una práctica ancestral

Los habitantes de las riberas del río Esmeraldas se dedican a la pesca de la canchimala durante las tardes. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO

Los habitantes de las riberas del río Esmeraldas se dedican a la pesca de la canchimala durante las tardes. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO

Los habitantes de las riberas del río Esmeraldas se dedican a la pesca de la canchimala durante las tardes. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

La llegada del verano es propicia para la pesca de la canchimala en los alrededores del estuario del río Esmeraldas; en sus riberas habitan familias que migraron de las comunidades del norte. Están cerca del refugio de vida silvestre.

El canchimalo o canchimala (Sciades seemanni) es un pez muy común para los pescadores artesanales de la zona de manglar y áreas estuarinas, adyacentes al océano Pacífico, y es capturado por los habitantes afroesmeraldeños.

Este pez, que es parecido al bagre, tradicionalmente ha sido usado para la alimentación diaria. Se pesca con anzuelos o redes de monofilamento cuando sube la marea.

También se captura con atarrayas desde una canoa, como lo hace Julio Segura, originario de la población Pampanal de Bolívar, norte de Esmeraldas. “Pescar y comer canchimala es una tradición en la familia, porque lo aprendimos de nuestros padres y era uno de los pescados más apetecidos por nosotros por su sabor”.

Quienes mayormente lo consumen son familias afroesmeraldeñas. Cuando sube la marea, hombres y mujeres suben a sus canoas o canaletas y van a la mitad del río para pescar usando camarón o cardumen (pez pequeño), como carnada para atraparlos.

Pero también existen personas que tienen artes de pesca ancestrales -como la catanga, hecha con caña guadúa- que se colocan en áreas específicas del manglar cuando sube el agua y las retiran cuando baja.

Un tapa’o de canchimala reaviva la tradición de los ancestros en poblaciones norteñas como Canchimalero, en Limones, porque el pez simboliza vigorosidad por sus propiedades alimenticias, explican los habitantes del sector.

Oleisa Nazareno, una de las antiguas parteras, dice que a las mujeres cuando alumbraban, en la cuarentena se les recomendaba comer un tapa’o con mucho plátano para que se recuperaran pronto. Entonces, las abuelas tenían listo el fogón de leña o carbón para preparar el tradicional tapa’o de canchimala.

Nazareno conserva esa costumbre hasta ahora. Las parturientas consumen canchimala después de dar a luz, acompañadas de aguas aromáticas de limoncillo o menta; se endulza con panela, como estimulante para una mayor provisión de leche materna, según la creencia de las matronas.

Las mujeres de Canchimalero, un poblado de pescadores, que habita en medio del manglar, condimentan el pescado con hierbas fragantes como la chillangua y el chirarán, durante la preparación del tapa’o.

Esas antiguas tradiciones también se conservan en la casa de Lucina Paredes, una habitante del sector Isla Piedad, junto al estuario del río Esmeraldas, quien no deja de pescar en su canoa todas las tardes.

Una parte de la pesca la utiliza para la alimentación diaria de su familia. El resto de lo faenado pone en un fogón para ahumarlo, con la finalidad de hacer el encoca’o de canchimala, otro de los platos tradicionales de la culinaria esmeraldeña.

Este preparado se vende en la población de Rioverde, donde están ubicados los sitios que han desarrollado una propuesta gastronómica, a través de una ruta para degustar platos tradicionales.

El presidente de la Cámara de la Pesquería en Esmeraldas, Rafael Vergara, señala que como gremio organizarán la pesca de la canchimala más grande en el estuario del Esmeraldas, como una forma de mantener la tradición de unos de los principales peces utilizado para el popular