3 de noviembre de 2019 00:00

Ecuador tiene a la última rana verrugosa

Luis Coloma busca crear formas de evitar que la rana arlequín verrugosa desa­parezca del planeta. Fotos: cortesía Luis Coloma y Diego acosta / centro Jambatu

Luis Coloma busca crear formas de evitar que la rana arlequín verrugosa desa­parezca del planeta. Fotos: cortesía Luis Coloma y Diego acosta / centro Jambatu

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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El último ejemplar vivo de la especie Atelopus halihelos pasa sus días en el Centro Jambatu, en Sangolquí. Desde hace tres años, que llegó a este lugar, se mantiene a la espera de que los investigadores encuentren a otra rana de su tipo para evitar su extinción. Por ahora, se la ha bautizado como ‘El Solitario George de las ranas’.

Al igual que ocurría con la tortuga de Galápagos, esta rana no ha logrado tener descendencia y hasta el momento no se conoce de la existencia de otra igual. Los esfuerzos de los investigadores están puestos en evitar que tenga el mismo final que el reptil.

Luis Coloma, director del Centro Jambatu de Investigación y Conservación, cuenta que la especie fue descrita en 1973. Después de su hallazgo, no se la volvió a ver hasta el año 2010, cuando fue redescubierta. Los últimos ejemplares de este tipo fueron colectados el 2016, en Zamora Chinchipe.

José Vieira, uno de los investigadores que encontró a estos anfibios hace tres años, cuenta que acudieron al lugar motivados por su colega Darwin Núñez, quien les aseguraba que había visto a una de estas ranas en la zona. Después de una caminata de más de tres horas, llegaron a un remanente de bosque secundario donde hallaron dos ejemplares.

Estos finalmente fueron trasladados al Centro Jambatu. Allí se empezaron a realizar los primeros intentos para lograr su reproducción, pero en el proceso la hembra murió. Coloma dice que no se sabe con certeza las causas. La rana falleció después de poner los huevos, que no fueron fertilizados, por lo que se cree que pudo haber realizado un esfuerzo muy grande durante el proceso y no pudo resistir.

Desde ese momento, el macho se convirtió en el único ejemplar vivo de su especie en el mundo. Coloma dice que se encuentra en buen estado y se ha adaptado al laboratorio. El espécimen vive en un terrario acompañado de otras ranas arlequín, y se alimenta de grillos, moscas de la fruta y gorgojos.

Actualmente mide 32 milímetros y pesa 2,35 gramos. Como es característico de esta especie, su piel está cubierta de zonas glandulares llamadas verrugas, que se ubican en los brazos, en la parte dorsal y en los costados del animal. Debido a estas condiciones, esta especie también es conocida como rana arlequín verrugosa.

Coloma explica que, aunque no se conoce con certeza la edad del ejemplar que está en Jambatu, se cree que tiene más de cinco años. Las ranas arlequín tienen vidas relativamente largas. Se conoce de una especie emparentada con la Atelopus halihelos, que llegó a vivir cerca de 30 años en Venezuela, dice el investigador.

En el pasado, la rana arlequín verrugosa habitaba en zonas entre los 1 975 y 2 700 metros de altitud. Los efectos del cambio climático y las enfermedades son algunas de las causas por las que se cree que desapareció de su hábitat.

Juan Manuel Guayasamín, profesor investigador de la Universidad San Francisco de Quito, explica que la principal amenaza para las ranas Atelopus es el hongo quítrido. Este se originó en Asia en los años 60, pero se fue expandiendo y se calcula que llegó a Ecuador en los 80.

Cuando arribó, las ranas no estaban preparadas para enfrentar a esta nueva enfermedad que rápidamente ataca a su piel, afecta a todo su organismo y las mata en pocas semanas. En una investigación en la que participó Guayasamín, y que fue publicada en la revista Science este año, se revela que de las 500 especies que han sufrido afectaciones asociadas a esta enfermedad, hay 90 que están extintas o al borde de la extinción. Muchas de estas son Atelopus, lo que demuestra que son particularmente vulnerables al hongo.

Hasta el momento no se ha encontrado una cura. Para Guayasamín, la alternativa por ahora es la conservación en centros de crianza. Para preservar a la especie, es necesario hallar a más especímenes. Coloma no pierde la esperanza de encontrar a alguna hembra en el campo. Hasta que eso suceda, se están desarrollando los protocolos necesarios para guardar el esperma de este ‘Solitario George’.

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