4 de septiembre de 2019 00:00

La danza de la comunidad Nizag se muestra en el tren

Los bailarines interactúan con los turistas y rememoran las fiestas populares. Foto: Fernando Flores para EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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La música empieza a sonar cuando el tren que cubre la ruta Nariz del Diablo se aproxima a la estación de Sibambe. 12 jóvenes empiezan a bailar el tradicional saltashpa, un ritmo autóctono alegre y festivo.

Los bailarines son oriundos de Nizag, una comunidad situada a 10 minutos de la estación del tren. Ellos diseñaron la coreografía para mostrar a los turistas cómo son las fiestas populares y familiares en el pequeño poblado.

“Al principio nos daba vergüenza bailar frente a extraños, cuando bailamos en la comunidad lo hacemos con nuestros familiares. Pero hemos aprendido a compartir nuestras tradiciones y ahora disfrutamos de los aplausos y las fotografías que nos toman los turistas”, cuenta Ana Fernández, una de las integrantes.

Los chicos ensayan cada semana con diferentes canciones y pasos nuevos, para mostrar un show variado y más entretenido. Los dos coreógrafos del grupo incluso se capacitaron con maestros de danza folklórica de la provincia para mejorar la calidad de sus presentaciones.

Ellos cuentan que el criterio artístico que prima en sus coreografías es conservar la originalidad del baile, debido a que además de ser un emprendimiento asociativo, también es una manera de rescatar y conservar sus prácticas culturales.

“Cuando empezamos este proyecto, empezamos a mirar cómo se baila en las fiestas de la comunidad. Muchos lo hacíamos solo por costumbre, pero ahora que somos un grupo de danza empezamos a fijarnos más en los pasos para poder acoplarlos a la coreografía”, cuenta Fernández.

El grupo se incorporó al turismo comunitario en la Nariz del Diablo en enero pasado, cuando la comunidad decidió sumarse al proyecto que promueve Ferrocarriles del Ecuador en esa zona desde el 2014.

Antes de su participación, había otro grupo de bailarines de Tolte Pisitishí, otra comunidad de Alausí. Ellos empezaron a bailar cuando el tren volvió a Sibambe tras la reactivación de las rutas férreas.

Los jóvenes reciben un pago por su actuación que reinvierten en vestuario y otras necesidades. “El dinero también nos ayuda a cubrir gastos de estudios y eso ha motivado a muchos jóvenes a sumarse al grupo de danza y a seguir bailando”, dice Juan Canto, uno de los bailarines.

Las agrupaciones de ambas comunidades visten los trajes originarios de Alausí. Las mujeres usan una blusa blanca bordada, un sombrero blanco de lana de borrego, una pollera roja con decoraciones bordadas en los filos, y un rebozo atado a la cintura.

Los varones visten pantalones y camisas blancas, un sombrero de lana de borrego de ala amplia y un poncho rojo tejido en los telares de los artesanos de la comunidad.

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