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Pamela Cortés: “Escribir y luego pensar es de terror en las redes”

De niña animó su propio programa de televisión, ‘El rincón de los bajitos’. Foto: Cortesía

Una voz de hondura sentimental, de matices y delicadezas, es la que ha cultivado por 28 años la cantante ecuatoriana Pamela Cortés. Su carrera en la balada -y en el pop- tomó vuelo a los 11 años, cuando ganó un concurso nacional de canto y luego participó en el programa infantil de televisión ‘El show de Xuxa’.

En esta entrevista ahonda en su visión de la vida, en detalles de su carrera y de su personalidad.

¿Siempre ha tenido una forma peculiar de autodefinirse, no?

Depende del día (sonríe). Soy distraída, cambiante, introvertida fuera del show y de las luces -en el escenario no lo soy, claro-, un poco vaga en algunas cosas y tengo muy mala memoria… He aprendido a fluir con la vida como soy. En una época fui muy perfeccionista y ‘trabajólica’, muy estricta conmigo y con la gente que estaba alrededor mío, implacable era (se ríe). Eso no es vida. Tenemos que buscar nuestra mejor versión, pero sin hacernos daño.

¿Y qué cambió esa estricta exigencia consigo misma?

Pasaba muy enferma, con gastritis y migrañas, entre otras cosas. Y me dijeron: ‘tienes que soltar un poco porque te estás haciendo daño y no vas a llegar a los 40’. Eso me lo dijeron a los veintitantos. Me costó años entender que tenía que delegar cosas. El cuerpo me obligó a frenar, a tomar pausas.

Cuesta verla como introvertida ahora. ¿Eso la pudo llevar por otros caminos, incluso en la música?

Si puedo caminar invisible por la vida, soy feliz; eso ya no lo puedo arreglar (se ríe). Justo en los cuatro años que trabajé en México para la editora San Ángel de Televisa, hasta 2009, fui productora musical y compositora. Lo que me encantaba era que me enviaban la sinopsis de una novela y me decían, haznos una canción. Yo decía, ¡estoy en la gloria! Estoy en el estudio de mi casa, nadie me ve, ni me va a criticar o ver mis falencias; tenía muchas inseguridades. Que Televisa me haya firmado me dio mucha más seguridad, me permitió conocerme mejor y explotar todo lo que podía hacer. Pero lo mío es el escenario. He llorado de emoción y felicidad en el escenario. Es hermoso lo que ocurre, mágico. Cuando la gente canta contigo están reafirmando que hiciste algo bien.

Vivir en el exterior te da perspectiva para ser autocrítico con tu propio país.

¿En su caso fue así?

Siempre he tenido un sentido de pertenencia muy fuerte con Ecuador, no he podido ser tan objetiva en ese sentido, por esta necesidad de pertenecer. Pero todos tenemos que criticarnos en algún momento para mejorar. La crítica general es que preferimos consumir lo de afuera. El mono (guayaquileño), y el ecuatoriano en general, también puede ser muy notero, somos muy de modas. Pero en los últimos años hemos visto a los ecuatorianos dar un giro hacia la propia tierra, por un trabajo que ha implicado reeducarnos un poco. Tampoco tienes que consumir lo nacional solo porque sí, va de la mano con exigir una alta calidad.

¿Esa “necesidad de pertenecer” al Ecuador tiene que ver con el país de sus padres?

Sí, la familia que mis padres me dieron aquí es ecuatoriana, soy mona por completo. Pero Chile es el país de mis padres, casi toda mi familia vive allá, no disfruté tanto a mis tíos, a mis primos, a mis abuelos. Es un país que tengo también en el corazón, es parte también de mis raíces.

¿Qué implica ser un niño artista?

Es un gran reto, ahora más. Cuando participé en el concurso de televisión de la ‘Paquita ecuatoriana’, no había redes sociales, y eso me permitió tener una infancia feliz. Cuando la gente ataca en redes sociales es muy cruel, muy dura. El escribe y después piensa… en las redes es de terror. En la niñez, la adolescencia e incluso en la juventud hay que tener un espacio para afianzar la personalidad, el carácter. La fama combinada con las redes sociales es peligrosa. El odio que se vierte puede destrozar a cualquier muchacho.

¿Qué tipo de voz tenía cuando estudió música académica? ¿En el conservatorio?

Era soprano. Ahora tal vez tendría atributos de mezzosoprano, sin completar todo el cuerpo en la voz que tienen estas cantantes que llegan a unos graves deliciosos. En la Universidad tuve de profesora a una mezzosoprano -una brasileña llamada Elena-, que tenía unos bajos y altos increíbles, con una delicadeza que te hacía llorar, ella fue quien me mostró el camino para explotar mi potencial. De niña quería ser cantante de ópera y luego siempre me ha apasionado combinar canto, baile y actuación en los musicales.

¿Cantante de ópera?

Por eso me metí al Conservatorio. No me imaginaba en inicio en lo popular, escuchaba mucha música clásica. La vida y lo de las Paquitas (el concurso televisivo que la llevó a cantar en el programa con Xuxa) me llevaron por la música popular. Y, de hecho, por eso no me trataron muy bien después en el Conservatorio y tuve que salir. En esa época era mal visto que alguien que estudiaba música clásica se meta en la popular. Casi digamos que me botaron, pero no me botaron, y no vamos a decir tanto, ¡pero es la verdad! (se ríe a carcajadas).

¿Por qué canciones como Calma y Cristales rotos están entre sus temas predilectos por encima de las populares Dicen o Te vas?

Calma es una de las últimas. Junto a Cristales rotos siento que son canciones muy mías, me describen demasiado. Son momentos muy personales, de quiebre, de catarsis y por eso las siento tanto. Te vas, que es letra y música mía también, tal vez la disfrutaría más si fuera balada y no latin pop, que era lo que estaba de moda en ese momento. Dicen me fascina y marcó toda mi carrera, es una canción por encargo de letra y música de Sergio Sacoto, con la que comencé a ser escuchada en el exterior. A Dicen le debo todo.

Trayectoria

Cantante, actriz, bailarina y compositora, nacida en Guayaquil. De niña animó su propio programa de televisión, ‘El rincón de los bajitos’. Con 13 años estrenó su primer su disco, ‘Alegría’. Destacan sus discos ‘Con el alma’ (2001) ‘Cristales rotos’ (2011) y ‘Muñequita’ (2015).

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