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Juan José Rodinás: ‘Instagram es la red idónea para que circule poesía’

Juan José Rodinás ha ganado el Premio Casa de las Américas y el Premio Aurelio Espinosa Pólit. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Juan José Rodinás es uno de los referentes de una nueva generación de poetas ecuatorianos; escritores que están ganando reconocimiento a escala internacional, pero también en el medio local, como sucedió hace unos días cuando se anunció que este ambateño había ganado el Aurelio Espinosa Pólit.

¿Qué le parece lo más atractivo de Aurelio Espinosa Pólit dentro de su faceta como autor?

Lo que conozco de Espinosa Pólit son sus traducciones de la literatura clásica, que llegaron incluso hasta España. El arte o el oficio de la traducción es algo que ha sido poco valorado en la cultura literaria del país. Su presencia va más allá de la gente que está inmersa en el mundo de la literatura; pasa por la vida cotidiana del estudiante promedio de la ciudad de Quito. Cuando estaba en el colegio, para encontrar esos libros difíciles de hallar tenías que ir hasta la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, en Cotocollao. Esa fue la primera referencia que tuve en relación a su nombre.

Espinosa Pólit traducía a los griegos y latinos, ¿con qué autor de esa época siente más afinidad?

Probablemente el autor que más me ha impactado es Lucrecio. El tratado ‘De la naturaleza de las cosas’ es el libro de la literatura greco latina que más me gusta; aunque trata asuntos que son muy de la época también habla de temas que son transversales al ser humano, como la muerte, el miedo al vacío o el significado de la vida, de una forma cruda e impactante.

Dicen que para disfrutar de la poesía hay que leerla en su idioma original, ¿comulga con esa idea?

Lo que pasa es que la poesía como yo la entiendo está muy relacionada con la música y con cierta plasticidad en el lenguaje. Entonces, restituir eso en una traducción no es fácil. Hay traducciones excesivamente libres y otras excesivamente rígidas. Una traducción que no es suficientemente fiel al espíritu de la original simplemente te da otro texto. Uno de los primeros acercamientos que hice a la poesía fue con un libro de antología francesa enteramente traducida al castellano y solo me llegaban ecos; eso fue lo que me indujo a leer en francés y ahí la experiencia fue distinta.

¿Qué cambió?

Me di cuenta que la musicalidad que el traductor trataba de restituir muchas veces divergía del sentido original de las palabras. Si en una conversación como la que estamos teniendo hay una pérdida, imagínate lo que es pasar de una lengua a otra. Siempre hay pérdidas en una traducción, pero hay unas en las que la orfebrería es perfecta y esas son las que uno atesora. En todo caso, siempre es preferible la traducción a la nada.

¿En qué momento intuyó que la poesía era su camino ?

Comencé escribiendo cosas que no sabía qué eran. Mi primera confrontación con un lector que no fuera yo sucedió a través de unos cuentos. Tenía 19 años y era parte de un taller que dirigía Abdón Ubidia. Sin embargo, en esa época sentía que me podía expresar de una forma más fidedigna sobre lo que me sucedía, y a un nivel más emotivo y profundo, a través de los poemas. Esa sensación fue la que me inclinó por este camino.

¿Por qué le interesa la idea de la contemplación?

En los últimos 13 años me he adentrado en las filosofías y los pensamientos de Oriente, particularmente del budismo y el taoísmo. Leo el ‘Tao Te Ching’ por lo menos unas cuatro veces al año. Ahí encuentro reflexiones que son extremadamente útiles para la vida práctica. Soy una persona de una espiritualidad práctica. Los hallazgos de algo que podría ser trascendente o sagrado los trato de buscar en las cosas cotidianas, en aquello que me rodea y con lo cual convivo. La idea de la contemplación es central ahí, en ese ejercicio de observar, detenerse, o a veces hasta retroceder.

Es inevitable escucharlo y pensar en César Dávila Andrade, ¿ha sentido conexión con su poesía?

Muchísima. Me escribieron de una revista argentina y me pidieron que escogiera tres poemas ecuatorianos y que los comentara. Uno que sabía que tenía que estar es ‘Espacio, me has vencido’ de César Dávila; es un poema que recuerdo en situaciones en las que he sentido que estaba asistiendo a algo que me supera. Es un poema que refleja el tipo de preocupaciones que tuvo en su etapa más hermética, más ronca y más quebrada.

Hay el cliché de que los poetas son seres bohemios.

Creo que he tenido diferentes momentos, ahora soy prácticamente abstemio. Cada persona tiene su verdad. En algún poema escribí que prefiero la ebriedad interior del niño que la ebriedad exterior del hombre. (Mircea) Cartarescu decía que después de la niñez todo lo demás es burocracia. Es una idea fuerte porque si tuviste una niñez más o menos libre y recibiste el espacio suficiente para vivirla con plenitud la vas a llevar para el resto de la vida, como un tesoro, como una especie de mochila con gasolina espiritual. Si estás en una crisis en la que sientes que te vas a desmoronar recurres a esos recuerdos.

Se ha preocupado de las relaciones entre la poesía y otras artes.

También me interesa esta mezcla de la poesía y los videojuegos. Hay una poeta mexicana que se llama Minerva Reynosa. Ella es la autora de ‘Concretoons’, un proyecto en el que mezcla poesía y videojuegos, en el que, por ejemplo, puedes ver a Pac-Man comiendo galletas mientras aparece un poemario. El hallazgo es notable, mucha de la relación entre las palabras y la tecnología va mediada por estas conexiones.

Todo se mueve por las redes sociales, en ese contexto, ¿cuál es la que mejor le vendría a la poesía?

Creo que la que mejor le vendría a la poesía es Instagram, ahora hay toda una cultura de los poetas instagramers. No sé qué tan cerca estoy de esa sensibilidad; creo que mucho de lo circula ahí no me acaba de cautivar. Como plataforma, esto me lo dijo un amigo cineasta, es increíble. Es la más idónea para que circule poesía. Puede convertirse en el abrebocas de una experiencia enriquecedora. Pronto haré algún experimento ahí.

Trayectoria

Nació en Ambato, en 1979. Cursó un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Leeds, Inglaterra. Entre sus distinciones destacan el Premio Casa de las Américas y el Premio Aurelio Espinosa Pólit por ‘Fantasías animadas de ayer y alrededores’.

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