19 de noviembre de 2018 00:00

Los conocimientos tsáchilas ya tienen registro intelectual

Miembros de la unidad de Conocimientos Tradicionales y autoridades tsáchilas presentaron las certificaciones. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Miembros de la unidad de Conocimientos Tradicionales y autoridades tsáchilas presentaron las certificaciones. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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Redacción Santo Domingo

Rosalino Calazacón ya perdió la cuenta de los casos de supuestos chamanes tsáchilas que dicen ser entendidos en la práctica de la medicina tradicional de esa etnia.

Afiches, hojas volantes y hasta publicaciones en redes sociales han llegado a las manos de este integrante del Consejo de Ancianos Tsáchilas, como prueba de la publicidad que hacen los falsos expertos.

En esos escritos dicen que curan el cáncer, que tienen la solución para sanar el VIH y otras enfermedades.

Pero según los tsáchilas son falsos anuncios que denigran el nombre de la nacionalidad, y para evitar que se repita se acogieron al proceso de depósito voluntario de sus conocimientos ante el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales. El registro comenzó en enero de este año con la selección de las tradiciones que más se practican en las comunas.

Rosalino Calazacón propuso empezar con los rituales, la cosmovisión, los vegetales y la vestimenta tradicional.

Fue un acuerdo al que llegaron con los demás integrantes del Consejo de Ancianos, que es el máximo organismo que se encarga de velar por el cuidado y la regulación de la práctica de los conocimientos ancestrales de la nacionalidad.

El depósito de los conocimientos de las etnias, pueblos y comunidades ante el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales está contemplado en el art. 523 del Código de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación, vigente desde el 2016.

Según ese acápite, el objetivo es evitar apropiaciones ilegítimas de esos conocimientos.

También indica que será un medio de verificación para el reconocimiento de los derechos colectivos sobre conocimientos tradicionales que puedan ser infringidos, en cualquier solicitud de derechos de propiedad intelectual.

Silvia Gualacate, integrante de la Unidad de Conocimiento Tradicional del Servicio de Derechos Intelectuales, asegura que desde que rige la normativa se han depositado 150 conocimientos tradicionales a escala nacional.

Los indígenas de los pueblos Sarayaku, Cofán, Kayambi y Tsáchila son parte de este proceso, que espera contar con una base de datos de 200 registros de las tradiciones hasta finalizar este año.

La nacionalidad Tsáchila, por ejemplo, ya cuenta con las certificaciones de sus depósitos. Los documentos que certifican esas inscripciones fueron entregados el pasado miércoles 14 de noviembre, en la comuna El Poste.

La gobernadora tsáchila, Diana Aguavil, recibió las certificaciones de 44 depósitos.

Flavio Calazacón, presidente de esa comuna, señaló que en su territorio decidieron acogerse al registro confidencial de sus vegetales, para evitar que esa información sea tomada por personas que pretendan usurpar sus conocimientos.

Esa cláusula, precisamente, está contemplada en los documentos que respaldan la inscripción.

Calazacón agregó que en la ficha de registro debieron detallar el nombre científico de la especie, el nombre común, breve descripción, personas que lo utilizan y la información que conocen sobre el vegetal.

Fernando Nogales, coordinador de Conocimientos Tradicionales, informó que los acercamientos con los tsáchilas empezaron en el 2014, en la administración del exgobernador Gumersindo Aguavil.

Entonces se recopiló información de las siete comunas y se publicó un libro lúdico sobre las tradiciones y costumbres en la nacionalidad. 4 000 ejemplares en español y 1 000 en el idioma tsa’fiki, de los tsáchilas, se distribuyeron en las comunas.

Un año después se hizo la difusión del Código de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación, que en ese momento se discutía en la Asamblea.

Rosalino Calazacón, quien ese año era el presidente del Consejo de Ancianos, había planteado la búsqueda de una alternativa para frenar los casos de plagios de sus costumbres. Por eso, cuando se enteró sobre el proceso de registro de tradiciones, no dudó en informarlo a las comunas.

Calazacón cuenta que dentro de las prácticas tradicionales no se hacen promesas de sanaciones a males considerados incurables.

“Se trata de sobrellevar la enfermedad con menos angustia y con terapias que ayudan a mermar los dolores o el avance del mal”. Por eso pidió que las personas no se dejen engañar con falsos ofrecimientos.

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