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Basura cero, la opción de un grupo de jóvenes

Viviana Rocha tiene 26 años y es fundadora de Ayllu. Mediante esta iniciativa recolecta residuos orgánicos de los hogares. Foto: cortesía

El estilo de vida ‘zero waste’ o ‘basura cero’ continúa ganando más fuerza, sobre todo en la población más joven. Separar los residuos, hacer compostaje o evitar el uso de plásticos son algunas prácticas que ayudan a generar menos desechos.   

Un informe del Banco Mundial calcula que, para 2050, aumentará en un 70% la producción de basura de los humanos en el mundo. En otras palabras, se llegará a producir hasta 3 400 millones de toneladas en los próximos 30 años.  

Los cambios de hábitos en el hogar o las acciones, que parecen insignificantes, permiten reducir el impacto de los humanos en el ambiente. Por eso, los seguidores del estilo de vida ‘zero waste’ siguen las cuatro R: reducir, reutilizar, reciclar y recuperar.

Estas personas evitan el consumo de productos que tengan empaques no reciclables, utilizan bolsas y otros artículos de tela y clasifican sus residuos. Los mileniales, nacidos entre 1981-1995, son los más involucrados con este tipo de actividades. El estudio Global Web Index revela que seis de cada 10 están dispuestos a pagar más por productos ecológicos, seguidos por el 58% de la ‘generación Z’.  

Para evitar la producción de basura innecesaria, cada vez existen más iniciativas que ayudan a dar una segunda vida a los productos. En Ecuador se han creado aplicaciones para fomentar el reciclaje y se ofrecen servicios de recolección de orgánicos, que representan hasta el 70% de los desechos que produce cada hogar. Generalmente, estos no son clasificados y terminan en los rellenos sanitarios.  

Los seguidores del estilo de vida ‘zero waste’ explican que, aunque parezca complicado y costoso, en realidad se reducen los costos en el hogar y no implica mucho esfuerzo. Además, se contribuye a detener el avance del cambio climático. Para ellos, lo que prima es dejar un mejor planeta para las siguientes generaciones.

‘Ver rellenos sanitarios y montañas de basura me cambió la vida’

Viviana Rocha. Ingeniera ambiental y fundadora de Ayllu

 Viviana Rocha tiene 26 años y es fundadora de Ayllu. Foto: cortesía

Todo empezó cuando estudiaba Ingeniería Ambiental. Conocí muchos rellenos sanitarios y botaderos del país y vi montañas y montañas de basura. Esto me cambió la mentalidad por completo.  
Se puede empezar por comprar al peso, rechazar empaques, evitar plásticos de un solo uso y separar los residuos en la fuente.

Es un proceso que toma tiempo, pero poco a poco ocurre esta transición. Lo importante es empezar y en el camino se va aprendiendo. Te vas dando cuenta de que muchas de las cosas que se utilizan son innecesarias o que siempre puede haber una mejor opción.

En cosmética, por ejemplo, ahora hay marcas nacionales e internacionales que vienen en empaques responsables. No necesariamente dejé mi estilo de vida por ser responsable con el ambiente, sino que lo pude combinar.

Desde hace un año y cuatro meses tengo Ayllu. Esta iniciativa ofrece el servicio de recolección de orgánicos de los hogares. Ya son 90 familias y restaurantes que están comprometidos con este proceso de cambio a favor del medioambiente.  

Como consumidores tenemos la sartén por el mango. Podemos elegir consumir productos que tengan empaques amigables, que se puedan reciclar o que no tengan envolturas innecesarias.  

‘El nacimiento de mi hijo me impulsó a dejarle un planeta más limpio’

Carolina Reyes / Fundadora de Cero Residuos EC

Carolina Reyes tiene un estilo de vida ‘zero waste’ y también comercializa productos amigables con el ambiente. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Ya son cinco años que he tenido una vida más amigable con el ambiente. Desde que nació mi hijo, tuve más conciencia sobre el impacto de nuestros hábitos y quise hacer algo para dejarle un planeta más limpio. Cuando empecé no había muchos productos ‘zero waste’ en el país. Yo me hice mis propias toallas sanitarias, mis paños desmaquillantes y, poco a poco, fui inventándome la manera de tener productos reutilizables.

Compro las frutas y verduras en una frutería donde me dan todo sin plástico y los granos los adquiero al granel en una bodega. Reciclamos el cartón, el vidrio y el plástico.

También compostamos los productos orgánicos que salen de la cocina, dividimos la basura y, algo en lo que hago hincapié, trato de secar la ropa al sol cuando ayuda el clima.

En el caso de mi hijo, le mando fideos, chochos y productos similares al colegio. A veces me dice que quiere papas o ‘snacks’, porque ve que los otros compañeros llevan ese tipo de comida. En este punto es más complicado, porque no es decisión de él, sino mía.

Ahora tengo una línea de productos donde puedes encontrar servilletas de tela, toallas sanitarias, protectores diarios, toallas desmaquillantes y una variedad de productos.

La idea detrás de este proyecto es que todos estos se pueden lavar y reutilizar. Nada es desechable.  

‘La práctica del compostaje fue un proceso progresivo en mi día a día’

Gustavo Redín. Presidente de Cedenma y fundador de Epicentre

Gustavo Redin tiene 32 años y promueve el compostaje en los hogares. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

En el hogar practico todo lo que es compostaje, separación de residuos. Trato de recolectar el agua de las duchas para poner en las plantas y me movilizó en bicicleta. Llevo este estilo de vida desde hace unos seis años, pero ha sido progresivo. 

Empecé con la separación de residuos y moverme en bicicleta. Una vez que separas las cosas, te das cuenta de que todavía hay mucha basura. Ahora tengo una lombricultora en casa y una compostera. 

Con la experiencia adquirida, empecé a ofrecer un servicio de recolección de orgánicos. Después, también vendí composteras y lombriceras para los hogares. Funcionó bien un tiempo. Por temas de logística, esto terminó. Si alguien quiere preguntarnos sobre el proceso de compostaje, puede hacerlo a través de la página de Epicentre, que está activa.

Realmente es fácil tener una vida más responsable con el planeta. Es cuestión de hábitos. En mi casa somos cuatro personas y sacamos tres fundas de basura cada dos semanas. El resto de cosas entra a uno u otro proceso.

Ahora tengo un basurero chiquito en la cocina, donde van solo los envoltorios que ya no se pueden rescatar; un recipiente de material reciclable (que luego es separado por los recicladores de base) y uno de orgánicos.

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